¿En qué consiste el quantitative tightening (QT) que la Fed va a llevar a cabo en su proceso de normalización de la política monetaria? ¿Cuál puede ser su impacto en los mercados financieros?
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Tras unos años de expansión, la economía mundial se ha desacelerado en los últimos trimestres y los riesgos de recesión han empezado a generar inquietud. Todas las miradas se han centrado ahora en cómo las políticas monetaria y fiscal podrían ayudar a impulsar la economía. La política monetaria ya ha movido ficha: la Fed ha recortado tres veces los tipos de interés y el BCE ha emitido un nuevo paquete de estímulo.
Tras crecer un promedio del 3,0% en 2017-2018, la economía lusa ha moderado su crecimiento hasta cotas en torno al 2,0%, en 2019. La entrada en una fase más madura del ciclo y el desvanecimiento de factores de apoyo temporales que impulsaron el crecimiento en los últimos años son los principales causantes de una expansión más moderada. Aun así, este ritmo es suficiente para afianzar la recuperación de la convergencia de Portugal con el resto de la eurozona sin generar desequilibrios macrofinancieros.
La economía internacional mostró una notable resiliencia en 2024 y los datos disponibles sugieren que el PIB mundial podría haber crecido ligeramente por encima del 3%. Los vientos de cola que apoyaron la actividad probablemente seguirán soplando a favor en 2025, aunque con menos fuerza y con desafíos exigentes.
Controlar el virus, estimular la demanda a corto plazo, mejorar el potencial de crecimiento económico, pensar en la sostenibilidad fiscal a medio plazo e impulsar el proyecto europeo son cinco ámbitos esenciales para mitigar los efectos de la crisis e intentar superarla cuanto antes.
El Gobierno ha presentado un segundo plan de choque para amortiguar el impacto económico de la elevada inflación. Este segundo paquete implicará, según estimaciones del propio Ejecutivo, un esfuerzo presupuestario de más de 9.000 millones de euros (0,7% del PIB) que se descompone en 5.500 millones más de gasto y 3.600 en reducción de ingresos por rebajas fiscales en los impuestos de la electricidad.
Los europeos tenemos la sensación de que la política económica no estuvo a la altura de las circunstancias durante la Gran Recesión. Unos lo sienten así porque no se hicieron todas las reformas que se tenían que hacer –y muchas todavía siguen pendientes–. Los otros, porque el apoyo del sector público durante la crisis y la posterior recuperación fue insuficiente. Seguramente todos tienen parte de razón, y eso explica por qué la frustración fue generalizada. Esta vez puede ser diferente. Esta vez debe ser diferente.
Los últimos 30 años han sido testigo de una caída sostenida de los tipos de interés en las principales economías desarrolladas. Como ya hemos analizado en Dossiers previos, en última instancia este fenómeno refleja un declive del llamado tipo de interés natural, un concepto clave para la política monetaria y que tiene su origen en el economista sueco Knut Wicksell.1
- 1Véase el artículo «Tipos de interés bajos: ¿hasta cuándo?» en el Dossier del IM02/2019.
El tipo de interés de equilibrio o natural es una referencia clave para determinar si la política monetaria de un banco central es acomodaticia (tipos oficiales inferiores al natural) o restrictiva (tipos superiores al natural). Sin embargo, un inconveniente del tipo natural es que no es directamente observable en los datos, de modo que hay que estimarlo a partir de modelos económicos.
En 2024, la economía mundial se mostró resiliente a un entorno de condiciones financieras restrictivas y las grandes economías internacionales lograron crecer en general más de lo previsto. Sin embargo, 2025 no deja de presentarse como un año exigente: al mapa de riesgos se le suma la amenaza de una mayor fragmentación económica, con un incremento de las barreras comerciales y de la incertidumbre.
A diferencia de la recesión de 2008, la crisis de la COVID-19 no tiene su origen en una toma de riesgos excesiva y un boom del crédito. Sin embargo la parálisis de la actividad tensionará la salud financiera de muchas empresas, y las fuertes turbulencias de los mercados y el endurecimiento generalizado de las condiciones financieras pueden activar vulnerabilidades latentes que amplifiquen el shock inicial.
El shock de la COVID-19 está teniendo efectos muy significativos sobre las economías emergentes y se está transmitiendo por canales reales y financieros de forma rápida e intensa. Cerca de 100 países, la mayoría emergentes, están explorando obtener ayuda del FMI o ampliar la que ya tienen. ¿Será el principio de una nueva crisis emergente como la de las décadas de 1980 y 1990?
España redujo en 2024 sus exportaciones a la Unión Europea y a los Estados Unidos, de manera que tuvo que buscar oportunidades en nuevos mercados para diversificar y fortalecer sus relaciones comerciales. Entre ellos destacan los países de la ASEAN, América Latina y las islas del Caribe, y Oceanía.
La cohesión social junto al pilar ecológico y el digital constituyen las líneas de acción claves del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR), que traza la hoja de ruta para una recuperación económica sólida, inclusiva y resiliente, no solo para hacer frente a la crisis provocada por la COVID-19, sino también para responder a los retos de la próxima década.
En plena temporada baja para buena parte del sector turístico español, las cifras que se publican mes a mes continúan confirmando una gran solidez de la demanda a pesar del complejo entorno económico al que se enfrenta la economía global y, en particular, la europea. ¿Se mantendrá esta dinámica en los próximos meses?
El ahorro de los españoles pasó de 5.800 euros por hogar en 2023 a más de 7.000 en 2024. ¿Por qué ha crecido la tasa de ahorro de las familias y qué esperamos en 2025?
El anuncio de un aumento significativo y generalizado de los aranceles por parte de la Administración Trump, junto con una política económica errática y poco predecible, ha disparado el temor a una nueva desaceleración de la economía global. En este contexto, toca reevaluar la posición de la economía española, valorando sus fortalezas y debilidades en el nuevo escenario.