El nuevo Dossier de CaixaBank Research, dedicado a "Las claves de la productividad europea", tiene como objetivo recorrer las dinámicas recientes de la productividad de la UE, poniendo el foco en su dispersión territorial y en los factores diferenciadores entre las regiones de mejor y peor desempeño. En este primer artículo, damos unas pinceladas de contexto presentando las principales tendencias.
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Las medidas que se han implementado en Europa para contener la COVID-19 han conllevado un aumento sustancial del ahorro de los hogares. ¿Gastarán los hogares europeos esos ahorros cuando se relajen las restricciones? ¿A qué velocidad? ¿Cómo impactará en el crecimiento económico?
Este documento de trabajo presenta un nuevo modelo macroeconómico de CaixaBank Research para la economía de la eurozona, con el objetivo de que se convierta en una herramienta más para elaborar previsiones a medio plazo y realizar escenarios de riesgo.
Los países europeos han anunciado una gran cantidad de medidas fiscales para amortiguar el duro golpe de la pandemia. El impulso fiscal en 2020 será parecido en los principales países, pero existen diferencias entre las contribuciones automática y discrecional de la política fiscal en cada uno de ellos.
Los programas de ajuste temporal del empleo, entre los que se encuentran los ERTE en España, están siendo usados de forma generalizada en toda Europa para amortiguar el impacto de la COVID-19 en el mercado laboral.
Si Europa solo avanza en momentos de crisis, como se ha puesto de manifiesto en los últimos 15 años, la oportunidad es inmejorable teniendo en cuenta el exigente contexto geopolítico internacional actual. La alternativa es un retorno del avatar hamletiano que ha representado a la UE muchas veces a lo largo de su historia.
Analizar los patrones de ahorro de los consumidores europeos en tiempos de coronavirus es clave, puesto que la reactivación del consumo será uno de los pilares de la recuperación.
El pasado noviembre la Comisión Europea presentó una propuesta para reformar las reglas fiscales de cara a su reimplementación en 2024. La propuesta no modifica los objetivos de deuda y déficit del 60% y 3% (se encuentran en los tratados de la UE y es poco factible cambiarlos), sino que los fija como referencias de medio plazo y se centra en reformar el sistema para conducirnos hacia estos objetivos.
Cada vez hay más presión para que el BCE empiece a subir los tipos de interés. Pero, en el actual contexto de desaceleración económica con multitud de riesgos a la baja, ¿es deseable que el BCE empiece a normalizar su política monetaria en los próximos meses? ¿Sería mejor esperar a que el crecimiento económico se recuperara?
Entre 2013 y 2019, la recuperación posterior a las crisis financiera y soberana permitió avances graduales pero sostenidos en la capacidad adquisitiva de las familias, apoyados en la mejora del empleo y en un entorno de inflación contenida. Con la pandemia, esta dinámica se vio alterada y, aunque la renta nominal y el mercado laboral mostraron resiliencia, el shock inflacionista acentuado tras la invasión de Ucrania erosionó el poder de compra y tensionó el bienestar de los hogares, con un impacto particularmente severo en los de renta baja. En este contexto, el consumo efectivo real de los hogares per cápita –un indicador amplio de bienestar material, que incorpora tanto el gasto privado como los bienes y servicios individuales provistos por el sector público– permite analizar cómo han evolucionado las condiciones de vida de los hogares europeos antes y después de la pandemia, así como el papel de la redistribución pública.
El actual conflicto bélico entre Irán, EE. UU. e Israel constituye un nuevo shock de oferta que vuelve a tensionar las cadenas globales de valor. Este episodio se suma a otras disrupciones recientes que ha sufrido el comercio mundial, como la política arancelaria de la Administración Trump, la crisis energética desencadenada tras la invasión rusa de Ucrania y la pandemia de la COVID-19. Asimismo, refuerza la necesidad de diversificar los mercados de aprovisionamiento, evitando grandes dependencias unilaterales, y de avanzar hacia una mayor capacidad productiva europea. Este mensaje cobra especial relevancia en ámbitos estratégicos para el crecimiento a medio y largo plazo, como la tecnología, la salud, la defensa y la doble transición verde y digital.
Hemos dejado atrás 2020, el año que será recordado en la industria turística como el más duro de su historia reciente. En 2021, el combate contra la pandemia continúa, y las restricciones a la movilidad y al comercio siguen impidiendo un desempeño normal de la actividad económica que está afectando con especial crudeza a las empresas dependientes del turismo. Sin embargo, la entrada en juego de la vacuna va a suponer un claro punto de inflexión una vez permita alcanzar la inmunidad de la población de riesgo. Nuestras previsiones apuntan a una fuerte recuperación del sector durante el segundo semestre del año, que empujará al PIB turístico a crecer un 80% anual y a que vuelva a ser uno de los sectores tractores de la economía española.
El inicio del proceso de normalización de la política monetaria por parte del BCE ha provocado una aceleración de los precios de la vivienda, especialmente en los mercados con un fuerte desajuste entre una oferta insuficiente y una demanda dinámica. Entre las economías en las que los precios reales han aumentado con más fuerza en el último año y medio, y cuyos mercados residenciales presentan indicadores de sobrevaloración más significativa, destacan Portugal, Bulgaria, Hungría, Países Bajos y Estonia. En contraste, los mercados de grandes economías como Alemania, Suecia, Francia y Luxemburgo siguen sobrevalorados, pero han corregido el fuerte crecimiento de precios que experimentaron en las décadas previas a la pandemia, reduciendo las señales de sobrecalentamiento.
La pandemia ha modificado el escenario de la inversión inmobiliaria comercial y ha perfilado distintos tipos de activos según el grado de afectación derivado de las restricciones de movilidad impuestas para atajar la crisis sanitaria. Entre los activos favorecidos destacan los activos residenciales, los centros logísticos y de datos, así como gran parte de los activos del sector minorista. Entre los más desfavorecidos se encuentran las oficinas y los activos hoteleros, lastrados por el auge del teletrabajo y el desplome del turismo internacional.