El episodio inflacionista que está viviendo la economía española ha tenido su origen en un importante shock de costes. Si bien el foco se lo ha llevado el alza de precios de las materias primas energéticas y agrícolas, desde mediados del año 2021 un gran número de materias primas y bienes intermedios clave en multitud de procesos de producción también se han encarecido ostensiblemente. Este artículo muestra cómo el encarecimiento de dichos productos ha afectado los costes operativos de la industria manufacturera, que se ha visto obligada a transmitir una parte de ese incremento a sus clientes para no comprometer su viabilidad económica.
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El agroalimentario es el principal sector de la industria española. Es un sector con un fuerte arraigo en el territorio, que genera empleo estable y que está muy abierto al exterior. También se caracteriza por contar con una estructura empresarial muy atomizada, dominada por empresas pequeñas y con unas empresas grandes menos productivas que sus homólogas europeas. Aumentar el tamaño empresarial e impulsar la productividad de las empresas de mayor tamaño, a través de la inversión en I+D y la adopción de las nuevas tecnologías, ayudaría a incrementar la competitividad de un sector clave para la economía y el conjunto de la sociedad.
Tras el shock que supuso la irrupción de la COVID-19, el tejido empresarial turístico redujo ostensiblemente sus niveles de actividad, destruyendo una gran cantidad de empleo y acogiéndose de manera masiva a los ERTE. En la actualidad, la oferta turística se encuentra inmersa en un proceso de reactivación. La eliminación de las restricciones a la movilidad ha animado a un buen número de establecimientos turísticos a reabrir sus puertas, a pesar de que los niveles de demanda aún se sitúan en cotas reducidas. Con el arranque de la temporada estival, es fundamental que el sector turístico pueda mantener, y gane, su apuesta por la reactivación. Solo
así se logrará volver a generar empleo.
La clave del aumento sostenidos de las llegadas de turistas internacionales es la elevada sensibilidad de la demanda respecto al crecimiento de los ingresos en los países emisores y a un aumento relativamente moderado de los precios domésticos frente a las mayores subidas en destinos competidores.
A partir de datos internos de CaixaBank sobre los importes de los recibos de alquiler, construimos indicadores sobre la evolución reciente del precio del alquiler de la vivienda a nivel provincial y para los municipios más grandes. Los resultados obtenidos muestran que el precio del alquiler ya mostraba una tendencia generalizada de desaceleración antes de la llegada de la pandemia, y que el estallido de la crisis sanitaria extendió las correcciones a la mayor parte de provincias y municipios, siendo los descensos especialmente acusados en los alquileres de importe más bajos y en los municipios más turísticos.
La pandemia ha modificado el escenario de la inversión inmobiliaria comercial y ha perfilado distintos tipos de activos según el grado de afectación derivado de las restricciones de movilidad impuestas para atajar la crisis sanitaria. Entre los activos favorecidos destacan los activos residenciales, los centros logísticos y de datos, así como gran parte de los activos del sector minorista. Entre los más desfavorecidos se encuentran las oficinas y los activos hoteleros, lastrados por el auge del teletrabajo y el desplome del turismo internacional.
El sector turístico ha cerrado la temporada de verano de este año en muy buena forma. Las llegadas de turistas internacionales se han acercado mucho a los registros de 2019, un año que fue extremadamente positivo para el sector. Además, el turismo doméstico ha seguido ofreciendo muy buenas cifras. No obstante, el escenario macroeconómico se presenta como un riesgo para la evolución de la actividad turística en los próximos trimestres, debido a la elevada inflación y la ralentización económica en Europa. A pesar de ello, consideramos que la demanda turística aún goza de importantes palancas de crecimiento para el año que viene, con lo que estimamos que completará su recuperación en 2023.
Después de un año 2022 en el que la demanda de vivienda ha batido todas las expectativas, en 2023 prevemos que el número de compraventas experimente un ajuste significativo, principalmente por el impacto del aumento de los tipos de interés. El precio de la vivienda, que suele responder con algo de retraso tras la caída de la demanda, se ralentizará de forma notable, pero esperamos que mantenga una tasa de crecimiento ligeramente positiva en 2023 (aunque sí se ajustará en términos reales, debido a la elevada inflación). La oferta de vivienda, que es insuficiente para cubrir la demanda estructural por formación de hogares, seguirá siendo muy limitada debido a la ralentización económica, los elevados costes de construcción y el descenso de la demanda.
El mercado inmobiliario español se empezó a desacelerar a mediados de 2022 con el cambio de rumbo de la política monetaria. Por el momento, y a pesar de que el BCE ya ha subido los tipos de interés de referencia en 4 p. p., el ritmo de desaceleración está siendo más suave de lo anticipado, lo que nos ha llevado a mejorar las previsiones del sector para 2023. No obstante, de cara a los próximos trimestres seguimos esperando un notable ajuste en el número de compraventas respecto a los elevados registros de 2022 y una ralentización del crecimiento del precio de la vivienda, especialmente en 2024, en un contexto de tipos de interés altos por más tiempo. Con todo, hay varios factores que seguirán apoyando al sector y que hacen improbable una fuerte corrección como la experimentada en 2008-2013, entre los que destacan un mercado laboral resiliente y unos flujos de inmigración significativos.
El mercado residencial español se encuentra en plena fase expansiva, impulsado por la bajada de los tipos de interés, la mejora del poder adquisitivo y el crecimiento demográfico. La demanda sigue creciendo con fuerza, con un notable protagonismo del comprador extranjero, y la oferta poco a poco también va ganando tracción, aunque sigue sin compensar el déficit de vivienda acumulado desde 2021. El precio de la vivienda sigue acelerándose, superando ya el máximo alcanzado en 2007 en términos nominales, y se empiezan a detectar señales de sobrevaloración. Sin embargo, el contexto actual difiere del anterior al estallido de la burbuja inmobiliaria: no hay un exceso de oferta sino un grave déficit de vivienda y eso es lo que explica principalmente la presión sobre los precios; y la situación financiera de las familias, del sector constructor y promotor, y del sistema financiero es sólida. Prevemos que los precios y las compraventas seguirán siendo dinámicos los próximos trimestres, lo que acentúa la necesidad de aumentar la oferta de vivienda asequible.
La pandemia ha provocado, forzosamente, cambios muy importantes en nuestros hábitos de consumo. Ante la imposibilidad de acceder de forma presencial a los comercios, los canales de compra on-line han ganado mucho peso durante el año 2020. Según el análisis de los datos internos de CaixaBank, este crecimiento no solo ha sido significativo, sino que también ha sido generalizado entre empresas de distinto tamaño y sector, y ha supuesto un acicate para que muchas se lanzaran por primera vez a utilizar el e-commerce como canal de venta.
El sector agroalimentario aporta un gran valor a la economía española, con una contribución del 5,8% del PIB, un 11% si se incluyen todas las actividades de la cadena alimentaria. Además, destaca por su elevado potencial exportador y por una resiliencia que históricamente le ha permitido capear los vaivenes de la economía. Así, aunque los principales mercados de destino de las exportaciones agroalimentarias españolas se han ralentizado por el incremento de las tensiones comerciales y la incertidumbre por el brexit, los indicadores de actividad disponibles muestran que por el momento el sector está resistiendo el envite razonablemente bien.
Después de un 2023 en el que los principales indicadores del sector turístico español retomaron los niveles máximos de 2019, el sector sigue sin mostrar signos de agotamiento cíclico y creció con fuerza en 2024.
Nuestro Indicador Sectorial recoge una mejora generalizada entre sectores en 2024, especialmente significativa en algunas ramas manufactureras, como la industria química, la farmacéutica y la papelera, beneficiadas por el descenso de la factura energética y la mejora de las exportaciones. Por el contrario, el sector de la automoción se ha desacelerado de forma muy marcada a lo largo de este año, después de la recuperación experimentada en 2023.
La actividad agroalimentaria en España tiene una relevancia que va más allá de su peso en la economía. Su papel estratégico en la competitividad internacional, la cohesión territorial y la autonomía productiva lo convierte en un sector clave. Este artículo analiza su capacidad para vertebrar el territorio, profundizando en su importancia a nivel autonómico y provincial, así como en la evolución de su peso relativo en las últimas décadas. Andalucía, Castilla-La Mancha, Castilla y León y Cataluña son las comunidades que más contribuyen al sector agroalimentario español, entre las que destaca Andalucía tanto por su volumen de actividad como por su dinamismo reciente. A nivel provincial, Almería, Sevilla y Barcelona se sitúan como los principales núcleos agroalimentarios del país.
El mercado residencial español cerró 2025 con una actividad excepcionalmente elevada, superando las 714.000 transacciones, el mayor registro desde 2007. La fortaleza de la demanda –impulsada por el crecimiento poblacional, la mejora del poder adquisitivo y unas condiciones financieras favorables– sostuvo una elevada actividad, sobre todo en el primer semestre. Sin embargo, por el lado de la oferta, persisten importantes limitaciones: pese al aumento de los visados, la construcción de nuevas viviendas sigue siendo insuficiente para cubrir la creación de nuevos hogares. Este desequilibrio entre oferta y demanda ejerce una fuerte presión al alza sobre los precios, que se aceleran de forma generalizada, particularmente en las zonas más dinámicas y turísticas. De cara a 2026‑2027, se prevé una estabilización de las transacciones en niveles elevados y una mejora gradual de la oferta, aunque seguirá siendo insuficiente, de forma que los precios seguirán subiendo, aunque a un ritmo menos intenso.
La situación del sector turístico ha mejorado considerablemente durante la temporada de verano. La vacuna ha supuesto un claro punto de inflexión que ha dado pie a la retirada de restricciones y a la recuperación de la movilidad en Europa, y ha mantenido la pandemia bajo control. Los indicadores de demanda, oferta e incluso de precios confirman un cambio radical de la situación, no solo en España, sino también en los países de nuestro entorno. Así, la buena cosecha veraniega nos empuja a ser optimistas de cara a los meses venideros, en los que esperamos presenciar una consolidación de la recuperación que debería garantizar que 2022 vuelva a ser un buen año para la industria turística española.
El voto del Reino Unido en junio de 2016 a favor de salir de la Unión Europea (UE) abrió un nuevo escenario para la economía británica que puede tener importantes consecuencias para la economía española. Especialmente para el sector turístico, que recibe a cerca de 16 millones de turistas británicos al año.1 En este artículo analizamos el impacto que ha tenido el brexit en los flujos de turistas británicos que visitan España y su potencial impacto futuro bajo distintos escenarios de salida de la Unión.
- 1Esta cifra representa cerca del 22% del total de turistas extranjeros en España (datos para 2018).
La economía española continúa sorprendiendo al alza en 2025, con un crecimiento sólido y equilibrado impulsado por la inversión y el consumo privado. Ese dinamismo también se observa con claridad en sus sectores de actividad: del total de los 22 analizados en este informe, 16 se sitúan en 2025 en plena fase expansiva, frente a los solamente dos de 2023. Entre ellos destaca por su vigor la industria, cuyo crecimiento es liderado por sus ramas extractiva, química, farmacéutica y refinería, gracias a una elevada inversión, ganancias de productividad y adaptación a la transición energética. También destacan positivamente la construcción y las actividades inmobiliarias, impulsadas por la demanda residencial. Aunque algunos sectores como la industria textil o la maderera enfrentan retos estructurales, el conjunto de la economía avanza hacia una fase de crecimiento más sostenible y diversificada. Este entorno, marcado por el buen tono del mercado laboral, la bajada de tipos de interés y el impulso de los fondos europeos, refuerza la resiliencia del tejido productivo español ante un marco internacional plagado de desafíos.