Examinamos las dinámicas y los factores que nos han llevado a reevaluar las perspectivas para la economía internacional y los mercados financieros.
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La Reserva Federal de EE. UU. acaba de modificar la estrategia que rige su política monetaria para acomodarse a los cambios estructurales de la economía, comprometiéndose a tolerar temporalmente tasas de inflación superiores al 2% y a tener una visión inclusiva del mercado laboral. ¿Qué implicaciones tiene este ajuste?
La economía sigue avanzando con fuerza, con un mayor protagonismo de la demanda interna, cuya fortaleza se apoya en gran medida en la solidez del mercado laboral. La electricidad mantiene la inflación en torno al 3%, y la compraventa de viviendas quiebra la tendencia alcista por primera vez desde 2024.
El rally primaveral se atenúa por las señales de persistencia en las presiones inflacionistas y por el endurecimiento del tono hawkish por parte de los principales bancos centrales, bajo un mantra de «tipos más elevados por más tiempo».
La economía mundial cerró el primer semestre de 2023 con tres grandes dinámicas: la actividad económica se mantuvo resiliente, la inflación se vino reduciendo sostenidamente en todas las grandes economías y las condiciones financieras siguieron endureciéndose.
Analizamos el enfriamiento del sector manufacturero mundial en un momento en el que confluyen distintos factores: las secuelas de la pandemia, el efecto arrastre de China y las repercusiones de la crisis energética en la industria europea.
El sector exterior español ha mostrado muy buenos resultados y una destacable resiliencia a varios eventos económicos adversos en la última década. ¿Mantendrá la competitividad en el contexto inflacionista actual?
La sensación es que nos encontramos cerca de un punto de inflexión, a partir del cual se irán manifestando con más intensidad los efectos del endurecimiento monetario acumulado en el último año y medio.
En estos primeros meses del año, el crecimiento del PIB de España mantiene un notable ritmo de avance, aunque persiste la brecha entre los sectores de servicios e industria. La creación de empleo gana tracción, mientras la inflación continúa su tendencia a la baja, impulsada por la disminución de los precios de la energía. El déficit comercial siguió aumentando en febrero y la actividad residencial en España ha tenido el mejor inicio de año desde 2007.
El estallido de la guerra en Oriente Próximo ha vuelto a disparar la incertidumbre global. Como ha sucedido de forma recurrente en los últimos años, nos encontramos de nuevo en un contexto en el que resulta muy difícil realizar previsiones fiables. Ocurrió durante la pandemia, también tras la invasión rusa de Ucrania y, más recientemente, cuando Donald Trump inició la batalla arancelaria. Aunque la naturaleza de cada shock y los canales de transmisión han sido distintos, la sensación de caminar hacia un futuro incierto se repite. Una vez más, toca reevaluar la posición de la economía española y analizar sus fortalezas y vulnerabilidades frente a los canales por los que podría propagarse este nuevo shock.
El INE revisa al alza el crecimiento de los últimos años y los indicadores avanzados del 3T apuntan a una mejora en el consumo privado, pese a la desaceleración del mercado laboral en el 3T. La inflación sorprende al situarse en el 1,5% en septiembre y la demanda de vivienda sorprende al alza.
La tasa de ahorro de los hogares españoles ha repuntado por primera vez desde la pandemia, gracias al aumento de la renta bruta disponible y a la caída de la inflación, que ha moderado el crecimiento del gasto nominal de los hogares.
El inicio del nuevo curso económico viene marcado por la sensación de que podemos estar afrontando un punto de inflexión en el comportamiento de la economía.
Ante el mayor shock petrolero de las últimas décadas, la economía global se prepara para las consecuencias del cierre del estrecho de Ormuz, por el que circula alrededor del 20% del petróleo y del GNL producidos y consumidos a nivel global. Los datos de marzo apuntan a un deterioro más fuerte en los servicios, la economía estadounidense ya no va como un cohete, y la inflación nota el primer impacto del encarecimiento energético. En Asia, las economías empezaron el año con la misma luna: fortaleza japonesa, solidez china y precios al alza
Tras la salida del verano, nos encontramos con una economía española en proceso de desaceleración con respecto a los notables registros de crecimiento del 1S 2023. En este artículo presentamos nuestras perspectivas al respecto.
El escenario de previsiones de CaixaBank Research para la economía española, cerrado antes del estallido de la guerra en Irán, contempla un crecimiento dinámico en 2026, aunque más moderado que el de los últimos años. La demanda interna y, especialmente, el consumo privado y la inversión iniciaron el año con suficientes bazas para crecer con fuerza y seguir liderando la recuperación. Sin embargo, el estallido del conflicto en Oriente Próximo abre un nuevo capítulo de incertidumbre económica y política a nivel global.
La inestabilidad geopolítica complica el escenario macroeconómico, mientras los indicadores de actividad apuntan a un crecimiento dinámico en el 1T. Donde mejor se aprecia el impacto del conflicto en Oriente Próximo y las medidas del Gobierno es en el repunte de la inflación. La reducción del déficit público de los últimos años ayuda a afrontar el nuevo shock y el endeudamiento, en cotas relativamente bajas, es otro factor diferencial respecto a crisis anteriores. La robustez del empleo se mantuvo en marzo.
Pese a que aún es muy complicado cuantificar el impacto de la escalada bélica de la guerra en Gaza sobre la economía mundial, no hay duda que uno de los principales focos de atención es el mercado de petróleo. Hasta la fecha, los mercados financieros han reaccionado con relativa cautela, aunque la volatilidad ha repuntado. En el mercado de crudo, se ha producido cierta presión al alza sobre los precios del barril.