Los nuevos (des)equilibrios del mercado del petróleo
A pesar de que los contratos futuros apuntan a unos precios estructuralmente más elevados del petróleo en los próximos años como resultado del mayor shock petrolífero de la historia, los mercados también parecen descontar una rápida normalización de las condiciones de oferta y demanda en los próximos meses.
A raíz del conflicto en Oriente Próximo y el cierre casi total del estrecho de Ormuz durante los últimos tres meses, el precio del petróleo se ha situado cerca de los 103 dólares por barril en el promedio de mayo, mientras que los futuros con vencimiento a 6-12 meses han fluctuado entre los 80 y 95 dólares por barril, manteniendo una curva de precios con una pendiente fuertemente negativa.1
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La pendiente negativa implica que los contratos para entrega a más corto plazo cotizan a precios sustancialmente más elevados que los contratos para entrega a largo plazo. Este patrón, conocido como backwardation, refleja que los compradores están dispuestos a pagar una prima para asegurarse entregas de petróleo a corto plazo y es un indicador de escasez de oferta (o de una demanda de petróleo excepcionalmente elevada). También indica que el mercado espera que el desajuste entre oferta y demanda sea temporal y desincentiva el almacenamiento de petróleo, dado que este valdrá menos en el futuro que en el presente.
El mercado del oro negro: de fundamentales sólidos a un mundo líquido
En los últimos meses, los flujos de crudo procedentes del Golfo han caído desde 20 millones de barriles al día (mb/d) a 8 mb/d, como resultado del desplome de los flujos por Ormuz (de 16 mb/d a menos de 2 mb/d), solo parcialmente compensado mediante la redirección de flujos hacia rutas alternativas, entre las que destaca el puerto de Yanbu, en el Mar Rojo (véase el segundo gráfico). En este contexto, la producción mundial de petróleo ha caído desde unos 106-108 mb/d hasta cerca de 95 mb/d en abril, lo que indica que la caída de la producción en los países del Golfo solo ha sido modestamente compensada por un aumento de la producción en otras geografías. Al mismo tiempo, el consumo global se ha mantenido relativamente estable, en torno a los 103 mb/d en marzo y abril (frente a unos 104 mb/d en 2025), lo que apunta a una caída de la demanda todavía limitada, concentrada sobre todo en algunos países asiáticos y en algunos productos refinados.2 De esta manera, el mercado mundial de petróleo ha pasado de un excedente de oferta de petróleo (crudo y productos refinados) cercano a los 2,0 mb/d3 a un déficit superior a 8 mb/d. La clave para amortiguar este déficit ha sido la utilización de los inventarios.
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Para más detalles, véase el «Oil Market Report» de mayo de 2026, de la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés).
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Véase el Focus «El mercado del petróleo, en el mundo de lo desconocido», en el IM04/2026.
Inventarios globales de petróleo: el secreto del unicornio
Los inventarios de petróleo pueden dividirse en cuatro capas. La primera es el petróleo almacenado en buques, parados o en tránsito, y es conocido como «petróleo en el agua». Por su rápida disponibilidad, se considera la primera capa que suele dar flexibilidad al mercado. En segundo lugar, están los inventarios comerciales. Estos se refieren a las existencias de crudo y derivados en manos del sector privado –como compañías petroleras, refinerías y operadores logísticos–, que se utilizan para el funcionamiento habitual del mercado. Su evolución es un indicador clave de equilibrio, ya que responde a los incentivos económicos generados por las condiciones de oferta y demanda. Por ello, su seguimiento resulta fundamental para evaluar tensiones en el sector y anticipar movimientos en los precios del petróleo. En tercer lugar, están las reservas estratégicas de petróleo (SPR, por sus siglas en inglés), sobre todo de crudo, gestionadas por los gobiernos con el objetivo de reforzar la seguridad energética y hacer frente a situaciones excepcionales, como interrupciones graves del suministro, conflictos geopolíticos o desastres naturales. A diferencia de los inventarios comerciales, estas reservas no se utilizan para fines operativos habituales, sino que se liberan de forma deliberada para estabilizar el mercado y mitigar el impacto de shocks de oferta.4 Por ello, constituyen una herramienta clave de política energética, con capacidad para influir temporalmente en la oferta global y en la evolución de los precios del petróleo. Por último, están los «mínimos operativos», necesarios para mantener el funcionamiento físico del mercado. Como último «colchón» del mercado de petróleo, entre las tres capas anteriores y estos mínimos operativos, se sitúan los escenarios de destrucción de demanda, donde el sistema de precios se convierte en el principal mecanismo de equilibrio, enfriando el consumo para evitar que las existencias caigan hasta niveles críticos.5
Los inventarios comerciales de petróleo de los países de la OCDE siguen dentro de su rango histórico. A finales de abril, se situaban justo por debajo de los 2.700 millones de barriles, frente a un promedio cercano a los 2.900 millones en la última década. Pero su rápida reducción (–150 millones de barriles entre marzo y abril) implica que, al ritmo actual, las existencias comerciales podrían acercarse a niveles críticamente reducidos en el 3T. Incluso bajo el supuesto (benigno) de una rápida reanudación de la producción mundial de petróleo desde junio, que retomaría su nivel previo al conflicto a finales del 4T 2026, las existencias comerciales de la OCDE podrían tocar mínimos históricos en junio y llegar a los 2.400 millones de barriles en el 3T, volviendo a normalizarse lentamente a partir de ahí. Esta disminución del nivel de inventarios comerciales implica una mayor probabilidad de repuntes no lineales de los precios en los próximos meses. Además, aquellos países (y productos) más dependientes de los suministros energéticos procedentes de los países del Golfo, y cuyas reservas son más limitadas, seguirán manteniendo una situación de mayor vulnerabilidad.6
A modo ilustrativo, otros escenarios podrían resultar en mayores desequilibrios en el mercado. Por un lado, la disrupción a corto plazo podría ser mayor de lo previsto, si las negociaciones entre Irán y EE. UU. no permiten una recuperación de los flujos a partir de junio, lo que llevaría a los inventarios a registrar mínimos aún más bajos durante los próximos meses. Por otro lado, la recuperación de la producción global de petróleo podría ser más gradual de lo esperado, por ejemplo, por unos daños mayores a lo esperado en infraestructuras petrolíferas en el golfo Pérsico o por dificultades de recuperar los flujos de navegación por el estrecho de Ormuz hacia niveles preconflicto, lo que implicaría unos niveles de existencias más bajos durante más tiempo. Dada la elevada correlación entre los precios del Brent y los inventarios comerciales, estos escenarios implicarían unas tensiones de precios todavía más elevadas en los próximos años.7
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El 11 de marzo, la IEA anunció la liberación de 400 millones de barriles de sus reservas estratégicas, estimadas en cerca de 1.200 millones de barriles (más de 600 millones de barriles mantenidos bajo obligación gubernamental). Esta fue tan solo la sexta liberación conjunta de reservas (tras las crisis de 1991, 2005, 2011 y 2022, la última con dos anuncios de liberación de reservas).
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Estos niveles mínimos operativos están relacionados con los volúmenes que deben mantenerse en las infraestructuras petrolíferas –como tanques, oleoductos o cavidades subterráneas– por razones técnicas. Estos niveles actúan como una capa no utilizable, necesaria para garantizar el funcionamiento adecuado del sistema (niveles de presión, flujos, seguridad operativa). Se estima que los niveles mínimos operativos de petróleo se sitúan en torno a 30 días de demanda (es decir, con un consumo como el de la OCDE, de 45-47 mb/d, esto equivaldría a cerca de 1.400 millones de barriles).
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Aunque, a nivel macro, el mercado del petróleo aún parece estar lejos de umbrales operativos críticos, el nivel de existencias es muy heterogéneo entre regiones y productos. Los inventarios de productos refinados (como el combustible de aviación y la nafta) se han deteriorado más rápidamente que los de crudo, mientras que varios países de Asia emergente muestran dificultades de aprovisionamiento.
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En su último «Oil Market Report» de mayo de 2026, la IEA estima una pérdida acumulada de 900 millones de barriles (incluyendo la liberación de 400 millones de barriles de reservas estratégicas) asumiendo el final del conflicto en junio y una recuperación de la producción a partir del 3T. La IEA estima que esta cifra podría duplicarse en caso de un conflicto de mayor duración.
Brent: ¿hacia qué (nuevo) equilibrio?
A pesar de que los contratos futuros apuntan a unos precios estructuralmente más elevados del petróleo en los próximos años como resultado del mayor shock petrolífero de la historia, los mercados también parecen descontar una rápida normalización de las condiciones de oferta y demanda en los próximos meses. En este escenario, los inventarios globales lograrían mantenerse como principal mecanismo de absorción del actual shock de oferta y el precio del Brent converge, de momento, hacia un equilibrio cercano a los 80 dólares por barril. Aun así, es importante recordar que las cotizaciones de los contratos futuros no constituyen una bola de cristal. Más que reflejar un poder predictivo, ofrecen la posibilidad de asegurar entregas de una determinada cantidad de un bien escaso en el futuro, a un determinado precio, sobre la base de la información disponible actualmente. Asimismo, del mismo modo que la pendiente negativa de la curva apunta a una elevada tensión del mercado a corto plazo, a largo plazo el mercado seguirá probablemente marcado por una larga cola de riesgos al alza.








