En su lucha contra la inflación, la política monetaria se ha endurecido de manera notable, como es claramente visible en los tipos de interés oficiales y en los que afrontan empresas, familias y gobiernos. Pero estos tipos de interés no son un fin en sí mismos, sino que el objetivo último es enfriar la actividad económica y, de este modo, frenar la inflación. En este artículo analizamos el estado de la transmisión monetaria a través de uno de sus principales canales: las condiciones crediticias.
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Esperamos que la economía mundial crezca un 3,1% en 2025 y en 2026 (antes un 2,9%), impulsada por revisiones al alza en EE. UU. (del 1,3% al 1,8% en 2025) y China (del 4,2% al 4,6%), además de mejoras marginales en la eurozona (del 1,2% al 1,3%).
La agenda proteccionista y la retirada del multilateralismo de la nueva Administración estadounidense podría beneficiar a la inversión extranjera en la eurozona, gracias a su marco regulatorio estable, la confianza en la independencia del BCE y los planes de aumento del gasto en defensa e infraestructuras.
La resistencia exhibida por la actividad económica internacional, la reducción de la incertidumbre y la mejora de las proyecciones de crecimiento dibujan una mejora del escenario más inmediato. Pero esto no significa que la economía mundial haya salido de la encrucijada.
Analizamos el enfriamiento del sector manufacturero mundial en un momento en el que confluyen distintos factores: las secuelas de la pandemia, el efecto arrastre de China y las repercusiones de la crisis energética en la industria europea.
La pandemia de COVID-19 provocó en 2020 una caída histórica del consumo de las familias. En la eurozona, la caída llegó al 15,4% en el 2T del año y se emplazó en el –8,1% en el conjunto del año, con desplomes más fuertes en los países más afectados por la primera ola de la pandemia. Sin embargo, al contrario de crisis anteriores, las caídas del consumo no fueron acompañadas por caídas similares en la renta disponible de las familias.
Aunque nuestra atención va a seguir centrada durante un tiempo en la geopolítica y todas sus derivadas, el elefante en la habitación continúa siendo las implicaciones a medio plazo de la IA en las variables macroeconómicas. El riesgo es pecar de optimismo, pero la punta del iceberg de esta megatendencia es esperanzadora, considerando los primeros efectos positivos en el crecimiento americano y en los resultados de las empresas del sector.
En un contexto de inflación inusualmente elevada, la Reserva Federal y el Banco Central Europeo se han puesto manos a la obra y se encuentran inmersos en su proceso de normalización de la política monetaria, aunque a ritmos distintos.
En los últimos trimestres, la economía mundial ha mostrado una notable resiliencia y estimamos que podría haber crecido en 2023 cerca de un 3,0%. Con este punto de partida, explicamos la última revisión del escenario económico global y las perspectivas de política monetaria.
La inflación de la eurozona ha alcanzado máximos históricos superiores al 5,0%, valores de los que no bajará en los próximos meses, especialmente tras el repunte del precio de la energía a raíz del conflicto en Ucrania. Más allá del dato en sí, a menudo se pasa por alto que el impacto de una subida de los precios no afecta a todos los hogares de la misma forma y que, en buena medida, esto depende de las partidas responsables de la subida.
El optimismo alrededor de la inteligencia artificial (IA) ha sido un motor fundamental en el avance de los índices bursátiles de EE. UU. en los últimos meses, favoreciendo que el S&P 500 y el Nasdaq registrasen avances por tercer año consecutivo en 2025. Parte de esta expansión se explicó por el crecimiento de las ganancias de las compañías, aunque el S&P 500 se ha encarecido en relación con estas ganancias. En este rally, diversos analistas e inversores han visto reminiscencias de lo sucedido en el año 2000 con el auge de internet, desatando el debate sobre si estamos o no en una burbuja. Y aunque responder a esta pregunta en tiempo real es como pretender desatar un nudo gordiano con los dedos, en este artículo analizamos cómo compara el S&P 500 hoy con el de la burbuja puntocom, y cómo de factibles son las expectativas que sostienen el escenario de valoraciones bursátiles actual.
Examinamos las razones y objetivos de la OTAN de aumentar el gasto en defensa hasta el 5% del PIB en 2035, y hasta qué punto es razonable esperar que la Unión Europea lo incremente en los próximos años.