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La irrupción de la COVID-19 ha supuesto un cambio de paradigma en muchos aspectos de la economía, entre ellos el de los hábitos de consumo y, concretamente, el del e-commerce en el sector retail. ¿Cómo han contribuido al crecimiento del e-commerce los comercios que ya vendían por el canal online antes de la pandemia y los nuevos entrantes a este canal de ventas?
A pesar de la reducción del déficit público a cerca del 2,8% del PIB, las necesidades de financiación del Tesoro siguen siendo elevadas, con una emisión neta prevista de 60.000 millones de euros. Además, deberá hacer frente al fin de las reinversiones del BCE y el impacto de los tipos de interés en la deuda pública.
Las small mid-caps podrían beneficiarse de una regulación más proporcionada que facilite el salto de escala en el tejido productivo europeo, una idea sobre la que el informe Draghi hizo hincapié para recuperar competitividad a escala global.
El 2022 será recordado no solo por la intensificación y persistencia de las presiones inflacionistas sino también por el contundente giro en la dirección de la política monetaria, un punto de inflexión que puso fin a más de una década de tipos bajos y de políticas ultraacomodaticias.
Tras crecer un 3,2% en 2024, se espera que la economía siga creciendo en 2025 por encima del promedio de la eurozona, apoyada por el dinamismo del consumo de los hogares y la recuperación de la inversión. Los importantes desafíos geopolíticos y el débil crecimiento europeo se presentan como los principales factores de riesgo.
A la vista del potencial impacto de la emergencia climática en la economía, el sector financiero deberá incorporar los riesgos medioambientales a su gestión integral de riesgos asociados a sus actividades (operacionales, de crédito, de reputación o de mercado). Aunque es innegable que se verá afectado por la crisis climática, también puede contribuir a mitigarla.
La resiliencia que muestra la economía internacional a nivel agregado, destacable ante un entorno de gran incertidumbre geopolítica y condiciones financieras restrictivas, refleja dinámicas dispares entre las distintas economías internacionales, cada una en búsqueda de conseguir un aterrizaje ordenado ante sus propios retos. EE. UU. exhibe un crecimiento sólido y persigue normalizarse hacia ritmos más sostenibles, mientras que en la eurozona aparecen indicios de un crecimiento menos apático y China mantiene unas dinámicas mixtas entre la industria y la demanda interna.
Los titulares de economía hoy en día se centran en los devastadores efectos económicos de la crisis de la COVID-19 sobre el mercado laboral, las empresas y las familias, y en las medidas que están adoptando gobiernos y bancos centrales de más de medio mundo para paliar dichos efectos. Sin embargo, cuando todo pase, se pondrán de manifiesto los cambios que la crisis actual está desencadenando de forma más silenciosa y discreta en muchos otros aspectos. En este artículo abordamos los probables cambios en la manera de producir.
Desgranamos el plan REPowerEU, aprobado en mayo por la Comisión Europea, y sus medidas para acelerar la transición energética prevista en el Green Deal y en el Fit for 55.
Hemos recorrido ya casi la mitad del año y toca hacer balance para actualizar unos escenarios económicos en los que la divergencia en el comportamiento de la inflación entre Estados Unidos y Europa ha sido clave para explicar el reajuste de previsiones en los tipos de interés.
¿Cómo se ha comportado la demanda de bienes tecnológicos en España? Lo analizamos según distintos cortes sociodemográficos a partir de los datos internos, debidamente anonimizados, de CaixaBank.
España afronta 2026 con unas necesidades de financiación todavía elevadas, aunque en un contexto fiscal relativamente más favorable que el de sus principales pares europeos. Pese a la reducción del déficit y de la deuda pública en porcentaje del PIB, los elevados niveles nominales y un volumen de vencimientos similar al de 2025 hacen que las necesidades de financiación se mantengan en niveles comparables a los de los últimos ejercicios. En este contexto, la solidez de la demanda de deuda pública –especialmente por parte de inversores no residentes– permite anticipar una absorción ordenada del volumen de emisiones.