Una vez expuesta la compleja relación comercial entre Estados Unidos y China, seguimos analizando el fenómeno del de-risking entre las grandes potencias económicas centrándonos en la Unión Europea.
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El conflicto en Oriente Próximo ha hecho que el entorno financiero diera un paso atrás y, sin sufrir un gran tensionamiento en agregado, sea menos favorable al desempeño de la actividad económica en los próximos trimestres. Los riesgos son elevados y, si bien una resolución rápida del conflicto podría distender las condiciones financieras, la prolongación del bloqueo de Ormuz amenaza con una activación exponencial de los costes económicos y financieros si las existencias de petróleo y productos derivados caen demasiado y dejan de acolchar la contracción de la oferta energética. Asimismo, cabe no olvidar la vigilancia de los mercados sobre dinámicas de deuda pública en varias economías avanzadas, ni los riesgos financieros alrededor de la IA, tanto por su capacidad de cumplir expectativas como de disrumpir estructuras económicas establecidas.
El elevado nivel de deuda pública será uno de los desequilibrios macroeconómicos que heredaremos de la crisis de la COVID-19. Solventarlo requerirá un crecimiento económico sostenido y el rediseño de ciertas políticas fiscales.
España afronta 2026 con unas necesidades de financiación todavía elevadas, aunque en un contexto fiscal relativamente más favorable que el de sus principales pares europeos. Pese a la reducción del déficit y de la deuda pública en porcentaje del PIB, los elevados niveles nominales y un volumen de vencimientos similar al de 2025 hacen que las necesidades de financiación se mantengan en niveles comparables a los de los últimos ejercicios. En este contexto, la solidez de la demanda de deuda pública –especialmente por parte de inversores no residentes– permite anticipar una absorción ordenada del volumen de emisiones.
El NGEU es una oportunidad extraordinaria para dar un nuevo impulso modernizador a la economía española, pero para sacarle el máximo partido será imprescindible dotarse de unos mecanismos institucionales eficaces.
Uno de los principales temas de discusión en esta fase de recuperación económica está siendo, sin duda, la inflación. En 2021, ha alcanzado cotas no registradas desde 2008 en EE. UU. y en la eurozona es probable que se sitúe en niveles no vistos desde 2012, lo que ha alimentado los riesgos de presiones inflacionistas. De hecho, los datos más recientes de inflación han sorprendido notablemente al alza, especialmente en EE. UU. En este contexto, nos preguntamos hasta qué punto estas sorpresas han tenido un impacto significativo en los mercados financieros.
¿Cómo se ha comportado la demanda de bienes tecnológicos en España? Lo analizamos según distintos cortes sociodemográficos a partir de los datos internos, debidamente anonimizados, de CaixaBank.
Los fundamentos macro han sido un buen indicador de las primas de riesgo soberanas observadas en el mercado en los últimos años. De hecho, la moderación sostenida de las principales primas de riesgo de la eurozona va claramente de la mano de lo predicho por los fundamentos. Sin embargo, la visión es algo distinta si analizamos país a país.
La demanda final europea contiene un 2% de bienes y servicios chinos, y una dependencia que llega al 6% en manufacturas, donde destacan sectores como el textil y la electrónica. Ahora bien, ¿cuánto depende China de la UE?
En los últimos trimestres, la economía mundial ha mostrado una notable resiliencia y estimamos que podría haber crecido en 2023 cerca de un 3,0%. Con este punto de partida, explicamos la última revisión del escenario económico global y las perspectivas de política monetaria.
«Hacer predicciones es complicado, especialmente sobre el futuro». Lo dijo un sabio mundano, Yogi Berra, y sigue teniendo toda la razón, sobre todo en momentos de incertidumbre como el actual. En este artículo se intentará justificar por qué 2021 va a ser un año muy distinto de 2020 y en qué aspectos se va a materializar la diferencia.
Desde el estallido de la pandemia de la COVID-19, los hogares estadounidenses se muestran mucho más pesimistas de lo que cabría esperar teniendo en cuenta el estado actual de la economía americana. ¿Por qué? ¿Sucede lo mismo en Europa?
La pandemia ha traído consigo una sustitución del efectivo por los pagos con tarjeta, como muestra nuestro análisis con datos internos anonimizados de CaixaBank. Este efecto sustitución se aprecia tanto a nivel agregado como a nivel sectorial, en particular, en las categorías de gasto en alimentación y en bienes duraderos.