En el segundo artículo del Dossier "Las claves de la productividad europea" revisamos un amplio conjunto de variables que abarcan aspectos institucionales, geográficos, tecnológicos y vinculados al tejido productivo, caracterizando los diferentes grupos de regiones europeas según su nivel de productividad.
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Aumentar el crecimiento de la productividad es uno de los principales retos que Europa tiene por delante. Como señala el artículo introductorio de este Dossier, «Momento Europa: es hora de reforzar nuestra competitividad», es urgente actualizar el tejido productivo del Viejo Continente. El rápido cambio tecnológico lo permite. Además, el contexto global, cada vez más competitivo y con una creciente desconfianza hacia las instituciones multilaterales, lo hace imprescindible.
La resiliencia de la economía española en los últimos años se ha apoyado en las mejoras del mercado laboral, tanto cuantitativas (fuerte creación de empleo) como cualitativas (el empleo creado es más estable). Por un lado, se ha producido una disminución de la temporalidad, un factor que tradicionalmente alimentaba la precariedad laboral y las desigualdades sociales y frenaba la inversión en capital humano, condicionando el potencial de crecimiento de la economía; por otro, en algunos sectores clave para nuestra economía ello ha ido acompañado de una mejora de la productividad. Sin embargo, la incipiente mejora de la productividad que se observa a nivel agregado no es generalizada entre sectores.
Cerramos el Dossier "Las claves de la productividad europea" identificando los factores que frenan el crecimiento de la productividad en la economía española, y aquellos que podrían impulsarla, centrándonos en la evolución de la productividad de las distintas comunidades autónomas y en sus determinantes comparados con otras regiones europeas.
En el tercer artículo del Dossier "Las claves de la productividad europea" analizamos en profundidad cuáles son y qué contribución cuantitativa tienen los factores económicos clave que impulsan la productividad a nivel regional europeo.
El nuevo Dossier de CaixaBank Research, dedicado a "Las claves de la productividad europea", tiene como objetivo recorrer las dinámicas recientes de la productividad de la UE, poniendo el foco en su dispersión territorial y en los factores diferenciadores entre las regiones de mejor y peor desempeño. En este primer artículo, damos unas pinceladas de contexto presentando las principales tendencias.
El agroalimentario es el principal sector de la industria española. Es un sector con un fuerte arraigo en el territorio, que genera empleo estable y que está muy abierto al exterior. También se caracteriza por contar con una estructura empresarial muy atomizada, dominada por empresas pequeñas y con unas empresas grandes menos productivas que sus homólogas europeas. Aumentar el tamaño empresarial e impulsar la productividad de las empresas de mayor tamaño, a través de la inversión en I+D y la adopción de las nuevas tecnologías, ayudaría a incrementar la competitividad de un sector clave para la economía y el conjunto de la sociedad.
La economía española dispone de un sector manufacturero diverso, exportador y de productividad elevada. Sin embargo, el tejido empresarial está todavía muy atomizado si se compara con la industria alemana, un referente a nivel europeo. Aumentar el tamaño empresarial e impulsar la productividad de las empresas, a través de la inversión en I+D y la adopción de las nuevas tecnologías digitales, avanzando hacia la Industria 4.0, son las claves para seguir incrementando la competitividad de un sector fundamental para la economía y para el sector exterior español. Asimismo, el sector debe evolucionar hacia un modelo industrial más sostenible: solamente las empresas que acometan la transición energética con éxito podrán competir en un nuevo entorno en el que la sostenibilidad será un requisito imprescindible para seguir operando en el mercado.
¿Qué se entiende por productividad y cómo podemos medirla? ¿Cuál es la posición de la productividad en España respecto a la eurozona? Con este artículo inauguramos una colección sobre los fundamentos de la economía española que tendrán continuidad en los informes mensuales de los próximos meses.
El crecimiento de turistas internacionales se ha contenido en 2019 debido al contexto económico mundial y a la recuperación de los competidores en el Mediterráneo, pero el sector turístico muestra una gran resiliencia apoyada en el consumo del turismo residente y en la apuesta por el turismo de calidad.
La rápida recuperación de la movilidad aérea en los meses de verano ha cogido al sector del transporte aéreo desprovisto de la mano de obra suficiente para hacer frente al crecimiento de los pasajeros. Según nuestro análisis, este desajuste ha desembocado en fuertes problemas de saturación aeroportuaria en buena parte de Europa, principalmente en los países emisores de turistas, lo que ha supuesto un techo a la recuperación del turismo en Europa.
Las perspectivas para el conjunto de la economía española están altamente condicionadas a la evolución de las presiones inflacionistas, especialmente las energéticas. El sector primario ya venía sufriendo el alza de los costes de producción y el conflicto bélico en Ucrania no ha hecho más que agravar la situación.
El mercado laboral español ha cambiado su patrón de crecimiento tras la pandemia, mostrando un aumento del empleo en sectores como la sanidad, la educación y la tecnología. ¿Está este nuevo modelo favoreciendo el avance de la productividad? Analizamos el impacto del efecto composición y cómo compara con otros ciclos expansivos.
¿Por qué es tan baja la productividad en España y por qué ha crecido tan poco en los últimos años? Aunque la respuesta es compleja y en ella influyen un cúmulo de factores, una de las causas de la baja productividad laboral de la economía española y su escaso crecimiento es la especialización productiva y el reducido tamaño de las empresas.
Europa se enfrenta no solo a una coyuntura económica exigente, sino también a un tridente de desafíos de fondo: la descarbonización de la economía, la redinamización de la productividad y el desarrollo tecnológico, y la creciente fragmentación geopolítica en el mundo. Estos retos difícilmente se podrán afrontar sin una notable movilización de inversiones y financiación, por un lado, y sin reforzar el papel internacional del euro, por el otro. Y esto es precisamente lo que persigue la Unión del Mercado de Capitales (UMC).
El debate sobre la jornada laboral ha adquirido una notable intensidad en España al hilo, por un lado, de las propuestas para su reducción, y, por otro, del aumento de horas no trabajadas por incapacidad temporal. Al margen del impacto en los costes empresariales y en el mercado laboral, resultan de especial interés las implicaciones para la productividad laboral, que ofrece, en el caso de España, lecturas muy divergentes desde la pandemia según la midamos por hora trabajada o por empleado. Buscamos aquí situar estos debates en el contexto europeo, trazando similitudes y diferencias con otros países de nuestro entorno.
La pandemia de coronavirus tomó al mundo por sorpresa y paralizó el turismo internacional casi por completo. Las primeras etapas de una cierta recuperación están pasando por la reinstauración de la conectividad entre los países emisores y destinos turísticos que hayan controlado la expansión del nuevo coronavirus. No obstante, el sector deberá acometer una profunda y rápida transformación para adaptarse a un nuevo perfil de turista internacional pos-COVID-19, mucho más preocupado por recibir un servicio personalizado, flexible y, sobre todo, más seguro.
El sector español de la automoción intenta encontrar su lugar en el nuevo ecosistema mundial, una vez superado el entorno adverso de los últimos años, marcado por los problemas de aprovisionamiento en los mercados internacionales de inputs esenciales como microchips y semiconductores, y los aumentos de precios y tipos de interés.