La BRI se ha convertido en una pieza clave para el posicionamiento global de China. Enfrentándose a una demanda interna debilitada y un exceso de capacidad crónico, la iniciativa ha facilitado la apertura de nuevos mercados, la diversificación de destinos de exportación, el dominio de cadenas de valor de materias primas críticas esenciales para el desarrollo de su industria, y la disminución de la dependencia de rivales geoeconómicos, una dimensión que ha cobrado especial importancia en los últimos años.
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Tras un 2025 marcado por la incertidumbre en torno a la política comercial, el conflicto con Irán se perfila en 2026 como la principal fuente de riesgo para la economía global. Analizamos los canales de exposición de los distintos sectores de actividad de la economía española a este shock. Nos centramos en cuatro canales de transmisión: el encarecimiento de las energías fósiles, las tensiones sobre el comercio global, los riesgos directos de aprovisionamiento derivados del bloqueo del estrecho de Ormuz y el posible endurecimiento de las condiciones financieras.
Mientras que las exportaciones chinas han crecido a un ritmo récord desde 2020, a nivel interno la situación es distinta: la inversión sigue arrastrada por las crisis del sector inmobiliario y el consumo no acaba de tirar. ¿A que se debe la debilidad del consumo y la falta de la confianza del consumidor en China?
Una de las grandes propuestas de Donald Trump en la campaña que le ha llevado a la presidencia de EE. UU. ha sido la imposición de un arancel universal de entre el 10% y el 20% a las importaciones de bienes. ¿Cómo podría afectar a Europa?
El actual conflicto bélico entre Irán, EE. UU. e Israel constituye un nuevo shock de oferta que vuelve a tensionar las cadenas globales de valor. Este episodio se suma a otras disrupciones recientes que ha sufrido el comercio mundial, como la política arancelaria de la Administración Trump, la crisis energética desencadenada tras la invasión rusa de Ucrania y la pandemia de la COVID-19. Asimismo, refuerza la necesidad de diversificar los mercados de aprovisionamiento, evitando grandes dependencias unilaterales, y de avanzar hacia una mayor capacidad productiva europea. Este mensaje cobra especial relevancia en ámbitos estratégicos para el crecimiento a medio y largo plazo, como la tecnología, la salud, la defensa y la doble transición verde y digital.
El sector español de la automoción intenta encontrar su lugar en el nuevo ecosistema mundial, una vez superado el entorno adverso de los últimos años, marcado por los problemas de aprovisionamiento en los mercados internacionales de inputs esenciales como microchips y semiconductores, y los aumentos de precios y tipos de interés.