¿Qué podemos esperar de la tasa de participación laboral en EE. UU. y la UE?

Las tendencias de los últimos 25 años revelan que todavía existe cierto margen para que la participación laboral contribuya a sostener la oferta de trabajo, y también que no todas las contribuciones del pasado podrán prolongarse con igual intensidad.

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November 5th, 2026

El envejecimiento de la población plantea importantes retos para el crecimiento económico, pero existen palancas capaces de mitigar, al menos parcialmente, sus efectos.1 Entre las principales destacan el impulso de la productividad y el aumento de la población en edad de trabajar mediante la inmigración.2 Otra, relacionada con el mercado de trabajo, consiste en intensificar el uso de la mano de obra incrementando la participación laboral de los colectivos todavía infrarrepresentados. Para valorar el recorrido de esta palanca, analizamos qué factores explican su evolución en EE. UU. y las cuatro grandes economías de la UE durante los últimos 25 años. Los resultados muestran que la demografía, la educación y los cambios en el comportamiento laboral han operado con distinta intensidad a ambos lados del Atlántico, y que algunas de las fuerzas que impulsaron la participación en el pasado comienzan a perder recorrido.

Una descomposición de sus factores estructurales

La tasa de participación laboral mide la proporción de la población que trabaja o busca activamente empleo. Para identificar los factores que explican su evolución, descomponemos estadísticamente su variación en tres componentes: los cambios en la distribución de la población por edades, las variaciones del nivel educativo dentro de cada franja de edad y los cambios en la participación de personas del mismo sexo, edad y nivel educativo.3 Este último componente recoge los cambios en el comportamiento laboral dentro de cada grupo y puede incorporar efectos de cohorte condicionados, entre otros factores, por las políticas del mercado laboral, las reformas de las pensiones, las medidas de conciliación o las transformaciones de la demanda de trabajo. El análisis utiliza datos de la OCDE para hombres y mujeres de entre 25 y 64 años en EE. UU., Alemania, Francia, Italia y España. Dentro de cada sexo, distinguimos cuatro franjas de edad, de 10 años cada una, y tres niveles educativos (básico, intermedio y superior), y comparamos su evolución durante los últimos 25 años.

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    Seguimos la metodología empleada en Fernández-Vidaurreta, C. y Martínez-Turégano, D. (2018). «Evolución y perspectivas de la tasa de participación en el área del euro: una visión de largo plazo». Boletín Económico, 1/2018, Banco de España.

Convergencia, pero con distintos motores

La evolución desde comienzos de siglo muestra una clara convergencia de la tasa de participación laboral entre EE. UU. y las cuatro grandes economías de la UE, pero por caminos muy distintos y con diferente intensidad a lo largo del tiempo. Entre 2001 y 2013, la tasa de participación de la población de 25 a 64 años retrocedió en EE. UU. en ambos sexos, mientras que aumentó en los países europeos, principalmente en España, seguida de Alemania e Italia, y con un impulso decisivo entre las mujeres (véase el primer gráfico). De esta forma, se prolongó la convergencia entre ambas áreas, iniciada décadas antes.4 Entre las posibles explicaciones de la tendencia estadounidense, la literatura ha destacado la menor demanda de trabajadores con determinadas cualificaciones y el consiguiente desajuste de capacidades, los cambios en la estructura sectorial del empleo y la mayor incidencia de problemas de salud o discapacidad entre algunos colectivos.5

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    Íbidem.

  • 5

    Bengali, L., Daly, M. C., Duzhak, E. A. y Zhao, C. (2025), «Pulled Out or Pushed Out? Declining Male Labor Force Participation», y (2023), «Men’s Falling Labor Force Participation across Generations», FRBSF Economic Letter, 2023-26, Federal Reserve Bank of San Francisco.

La descomposición estructural permite precisar los motores de estas trayectorias (véase el segundo gráfico). Así, por ejemplo, entre 2001 y 2013, el cambio en la participación dentro de grupos homogéneos de edad y educación aportó cerca de 17 de los 20 p. p. del avance en la tasa femenina agregada en España. Este componente explicó también la mayor parte del aumento femenino en Alemania y Francia. En EE. UU., sin embargo, la contribución de los cambios intragrupo fue negativa para ambos sexos. En Europa, la mayor propensión a participar de las nuevas cohortes femeninas estuvo asociada, entre otros factores, a cambios en las decisiones sobre natalidad y a la mejora de las posibilidades de conciliación entre la vida laboral y familiar. Entre las mujeres de mayor edad, también reflejó el avance hacia edades más próximas a la jubilación de las cohortes que se habían incorporado masivamente al mercado laboral durante las décadas anteriores. La mejora de la composición educativa contribuyó positivamente en todos los países, especialmente entre las mujeres de Italia, donde fue el principal factor de impulso, y España, mientras que el cambio de la estructura por edades tuvo ya una aportación negativa generalizada, más intensa en Francia y EE. UU.

Desde 2013, el patrón ha cambiado, con un repunte en EE. UU. después de décadas de retroceso y una evolución más heterogénea en Europa: los incrementos se ralentizaron en Alemania y España, se aceleraron en Francia y mantuvieron una intensidad elevada en Italia. La mejora fue generalizada entre las mujeres, con incrementos comprendidos entre 3 p. p. y 6 p. p., mientras que entre los hombres destacó un avance parejo al femenino en Italia, frente a aumentos más moderados en el resto de los países. La recuperación estadounidense sugiere que el retroceso anterior no respondía únicamente a fuerzas irreversibles, aunque los datos no permiten atribuir el cambio a un único factor.

También cambió la combinación de factores. En EE. UU., la recuperación se apoyó tanto en una mayor participación dentro de los grupos de edad y educación como en la mejora educativa, mientras que el efecto de la composición por edades fue prácticamente neutral. En Europa, la participación dentro de los distintos grupos siguió contribuyendo positivamente, con especial intensidad entre las mujeres y, en Italia, también entre los hombres, mientras que el envejecimiento continuó restando de forma moderada pero persistente. Así, mientras que hasta 2013 la convergencia combinó una Europa en ascenso con un retroceso en EE. UU., posteriormente la participación mejoró a ambos lados del Atlántico, aunque con una intensidad contenida y sostenida por colectivos y factores diferentes.

Menos vientos de cola en el futuro y necesidad de políticas más específicas

Las tendencias de los últimos 25 años revelan que todavía existe cierto margen para que la participación laboral contribuya a sostener la oferta de trabajo, pero también que no todas las contribuciones del pasado podrán prolongarse con igual intensidad. La primera limitación procede de la demografía. Entre 2013 y 2025, el cambio de la estructura por edades ya redujo la participación en los cuatro países europeos y previsiblemente ejercerá una presión creciente a medida que aumente el peso de las personas de 55 a 64 años. Este efecto podrá compensarse parcialmente mediante unos flujos migratorios que rejuvenezcan la estructura poblacional y una mayor participación de los trabajadores de más edad, aunque esta última debería aumentar de forma significativa para contrarrestar el creciente peso de este grupo poblacional.6

La segunda limitación afecta a la educación. Dada su mayor vinculación al mercado laboral, el aumento del peso de las personas con estudios superiores ha elevado la tasa de participación agregada. Sin embargo, este viento de cola perderá intensidad a medida que las diferentes cohortes cuenten con niveles educativos elevados de forma homogénea. Por el mismo motivo, también se moderará el efecto del relevo generacional femenino conforme las cohortes que se incorporan al mercado laboral se parezcan más a las precedentes en su comportamiento.

El margen restante se concentra, por tanto, en colectivos concretos (véase el tercer gráfico). En 2025, la brecha en la tasa de participación entre hombres y mujeres de 25 a 64 años todavía superaba los 20 p. p. en Italia y se situaba en torno a los 10 p. p. en EE. UU. y España. También existe recorrido entre las personas de 55 a 64 años, sobre todo en Francia y EE. UU., que mostraban en promedio tasas de participación inferiores en más de 10 p. p. a las de Alemania. Las políticas deberán incidir en los obstáculos específicos de cada colectivo mediante medidas de conciliación, incentivos para acercar la edad efectiva de jubilación a la legal, fórmulas de empleo más flexibles y formación adaptada a las distintas etapas de la vida laboral.

En EE. UU., la recuperación observada desde 2013 también puede encontrar límites en los próximos años. Las proyecciones del Bureau of Labor Statistics anticipan una ligera reducción de la participación de la población de 25 a 54 años entre 2024 y 2034, aunque prevén nuevos aumentos entre las personas de 55 a 64 años, especialmente entre las mujeres.7 A ello se añade el endurecimiento migratorio bajo la segunda Administración Trump. En consonancia con la desaceleración de los flujos, el crecimiento de la población activa nacida en el extranjero, que representa cerca de una quinta parte de la fuerza laboral estadounidense, se ha moderado desde 2025.8 Por el momento, la participación agregada de las edades centrales se mantiene estable, pero oculta señales de debilidad en algunos segmentos, incluida una menor propensión a participar entre la población nacida en el extranjero.9 Con todo, todavía es pronto para aislar los efectos de las restricciones migratorias de los derivados de la actualización anual de las estimaciones poblacionales y del envejecimiento de fondo.10

En definitiva, el margen para elevar la participación a ambos lados del Atlántico existe, pero será más estrecho y estará más concentrado que durante las últimas décadas. La mejora deberá proceder cada vez menos de grandes transformaciones socioeducativas y más de políticas dirigidas a las mujeres en los países con brechas amplias, la población con menor formación y los trabajadores próximos a la jubilación. Incluso si tienen éxito, estas políticas solo amortiguarán parcialmente el impacto del envejecimiento, por lo que deberán complementarse con el impulso de la productividad y una gestión de los flujos migratorios que contribuya a sostener el crecimiento de la población disponible para trabajar.

  • 7

    Bureau of Labor Statistics (2025). «Civilian Labor Force Participation Rates by Age, Sex, Race, and Ethnicity, 2004, 2014, 2024 and Projected 2034».

  • 8

    Véase el Focus «Políticas migratorias Trump 2.0: ¿el fin del American Dream?», en el IM10/2026.

  • 9

    Bengali, L., Chen, I., New-Schmidt, A. y Petrosky-Nadeau, N. (2026). «The Recent Slowdown in Labor Supply and Demand». FRBSF Economic Letter, 2026-02, Federal Reserve Bank of San Francisco.

  • 10

    Bick, A. (2026). «What’s Behind the Sharp Drop in Labor Force Participation?». Federal Reserve Bank of St. Louis.