Argelia

En 2020, la fragilidad de la economía de Argelia se vio agravada por los efectos de la pandemia sobre la economía mundial y doméstica y por la intensa caída de los precios de los hidrocarburos, que llevaron a un descenso del PIB del 6,0%.

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29 de julio de 2021
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Perspectivas

 

Previsiones

 

Prom.
10-14

2015

2016

2017

2018

2019

2020

2021

2022

Crecimiento del PIB (%)

3,3

3,7

3,2

1,3

1,2

0,8

-6,0

2,7

2,5

Inflación IPC (%)*

4,7

4,8

6,4

5,6

4,3

2,0

2,4

4,9

6,0

Saldo fiscal (% del PIB)

-2,5

-15,3

-13,1

-6,5

-4,4

-5,6

-7,7

-9,3

-7,9

Deuda pública (% del PIB)

8,9

8,7

20,5

26,8

37,8

45,8

53,1

63,3

73,9

Tipo de interés de referencia (%)*

4,0

4,0

3,8

3,7

3,8

3,8

3,2

3,0

3,8

Tipo de cambio (DZD/USD)*

76,9

100,4

109,4

110,9

116,6

119,4

126,8

135,4

134,8

Saldo corriente (% del PIB)

3,9

-16,4

-16,5

-13,0

-9,5

-10,0

-10,5

-3,2

-3,9

Deuda externa (% del PIB)

3,0

2,8

3,4

3,4

3,3

3,2

3,8

3,7

4,9

Nota: * Promedio anual.

Fuente: CaixaBank Research, a partir de datos de organismos nacionales de estadística y FMI.

  • En 2020, la fragilidad de la economía de Argelia se vio agravada por los efectos de la pandemia sobre la economía mundial y doméstica y por la intensa caída de los precios de los hidrocarburos, que llevaron a un descenso del PIB del 6,0%. Las perspectivas de crecimiento se presentan relativamente débiles, y estrechamente vinculadas a la recuperación del ciclo económico global y al ascenso de los precios de la energía, así como al avance de las vacunaciones, cuyo proceso se prevé que culminará a finales de 2022. Los déficits fiscales y por cuenta corriente dificultarán, a corto plazo, la inversión pública y el desarrollo de vías de crecimiento económico alternativas al sector de los hidrocarburos. Adicionalmente, durante la crisis sanitaria se ha agravado la división entre los grandes sectores de la población y el Gobierno, cuyo mandato atraviesa un periodo de contestación.
  • Shock real de la COVID-19. La corrección de los precios del petróleo y el gas en 2020 (que representan el 95% de sus exportaciones y suponen el 40% de los ingresos de las finanzas públicas) unida al debilitamiento de la demanda de sus principales socios comerciales (principalmente la UE) provocaron, además del hundimiento del PIB, el incremento de los déficits por cuenta corriente y fiscal. Para los dos próximos ejercicios, prevemos un escenario de crecimiento moderado y estrechamente ligado a la evolución de la demanda y los precios de los hidrocarburos a nivel mundial. Este aspecto será clave para la mejora de los desequilibrios por cuenta corriente que, no obstante, se mantendrán a causa de la limitación de la producción acordada por la OPEP y sus aliados y el escaso desarrollo de las exportaciones no energéticas. Adicionalmente, las autoridades, a través del control a las importaciones, pretenden estabilizar la merma de las reservas en divisa extranjera. Más allá del intento de control, las perspectivas relativamente contenidas del consumo interno, afectado por el descenso del poder adquisitivo de los ciudadanos (causado, a su vez, por el aumento del desempleo y la inflación), contribuirán a que las importaciones crezcan sin dinamismo.
  • Respuesta de la política económica
    • Política fiscal. En el contexto de la pandemia, las autoridades interrumpieron el plan de consolidación fiscal de 2019, y priorizaron el gasto hacia las necesidades sanitarias y socioeconómicas. Este factor, unido al descenso de los ingresos por las exportaciones de hidrocarburos, favoreció el aumento del déficit fiscal en 2020 y puso de manifiesto el estrecho margen de actuación del Gobierno en esta materia. Partiendo del notorio déficit fiscal de 2020, las autoridades estiman una expansión adicional del mismo en 2021, y para su financiación seguirán acudiendo al endeudamiento interno (a través de la compra de deuda soberana con reservas del banco central).
    • Política monetaria. En nuestra opinión, el Banco de Argelia (BA) mantendrá las medidas monetarias acomodaticias que adoptó durante la pandemia, así como la flexibilización de los requisitos a la banca. En el contexto de la pandemia, la banca argelina encontró dificultades para atraer volúmenes significativos de efectivo a través de depósitos y, en algunos casos, la tasa de morosidad se incrementó por encima de la media de los últimos años (12%). No obstante, consideramos que el nivel de capitalización de la banca argelina se mantiene en niveles aceptables.
    • Evolución del tipo de cambio. Estimamos que las tensiones financieras de Argelia añadirán más presiones depreciatorias sobre el tipo de cambio del dinar. El BA se enfrentará a la difícil labor de contener la depreciación de la divisa, para evitar un aumento de las presiones inflacionistas vía precios de las importaciones, con un stock de reservas extranjeras menguante y que en sí mismo es una fuente de riesgos especulativa.
Principales riesgos

El balance de riesgos está sesgado a la baja. En concreto, estos se plantean en varios aspectos:

  • Riesgo macroeconómico. La dependencia de la economía argelina del sector energético supone un elevado riesgo ante un nuevo bache en los mercados internacionales de petróleo y pone de manifiesto la necesidad de desarrollar un sector productivo alternativo a los hidrocarburos. Sin embargo, la prolongación de los desequilibrios macroeconómicos y las dificultades burocráticas suponen un freno a la entrada de capital de inversión extranjera y a la mejora de la confianza empresarial.
  • Riesgo financiero por bajo nivel de reservas en divisa extranjera. Desde 2014, las autoridades han recurrido al uso de las reservas en moneda extranjera del BA para hacer frente a los desequilibrios macroeconómicos e intentar evitar un mayor deterioro del tipo de cambio del dinar. Este proceso se aceleró durante la crisis. Aunque el Gobierno ha comenzado a tomar medidas para evitar un descenso del nivel de reservas por debajo de las métricas de adecuación del FMI, un nuevo bache en los precios del crudo podría acelerar el deterioro del volumen de reservas y forzar al Gobierno a pedir financiación a otros países, como China.
  • Riesgo político y social. Durante la crisis sanitaria se han agravado las dificultades del Gobierno para gestionar la recesión económica y el control sobre los grupos sociales que exigen cambios en el régimen político (motivados, en parte y en última instancia, por el aumento del desempleo y la pobreza). Adicionalmente, el delicado estado de salud del presidente Abdelmadjid Tebboune y la falta de transparencia sobre su futuro ha despertado un nuevo frente de inquietud sobre la sucesión en el poder. En el ámbito sanitario, y a pesar de la llegada de vacunas pertenecientes al mecanismo COVAX, creemos que el proceso de vacunación en el país será más lento de lo inicialmente previsto y se dilatará hasta el segundo semestre de 2022.