Italia

La economía italiana comenzó el año cayendo un 0,2% intertrimestral frente al +0,6% en el 4T 2021 (5,8% interanual frente al 6,2% en el 4T) acusando el impacto de los cuellos de botella en su tejido productivo y el de las restricciones a la movilidad adoptadas para frenar el avance de la variante ómicron.

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16 de mayo de 2022
Italia
Perspectivas

 

Previsiones

 

Prom.
11-15

2016

2017

2018

2019

2020

2021

2022

2023

Crecimiento del PIB (%)

-0,7

1,4

1,7

0,8

0,5

-9,1

6,6

2,4

2,1

Inflación IPC (%)*

1,6

-0,1

1,3

1,2

0,6

-0,2

1,9

6,6

1,9

Saldo fiscal (% del PIB)

-3,0

-2,4

-2,4

-2,2

-1,5

-9,7

-7,2

-5,6

-3,9

Saldo fiscal primario (% del PIB)

1,7

1,5

1,4

1,5

1,9

-6,1

-3,7

-2,1

-0,8

Deuda pública (% del PIB)

125,8

134,8

134,2

134,4

134,1

155,3

150,8

147,0

145,0

Tipo de interés de referencia (%)*

0,7

0,0

0,0

0,0

0,0

0,0

0,0

0,1

0,9

Saldo corriente (% del PIB)

0,3

2,6

2,6

2,6

3,3

3,7

2,5

1,0

1,1

Nota: * Promedio anual. Previsión CaixaBank Research para PIB, IPC y tipos de interés.

Fuente: CaixaBank Research, a partir de datos de AMECO, Oxford Economics y del BCE (vía Refinitiv) y el Gobierno italiano.

  • La economía italiana comenzó el año cayendo un 0,2% intertrimestral frente al +0,6% en el 4T 2021 (5,8% interanual frente al 6,2% en el 4T) acusando el impacto de los cuellos de botella en su tejido productivo y el de las restricciones a la movilidad adoptadas para frenar el avance de la variante ómicron. Cuando parecía que la favorable evolución de la pandemia y la incipiente mejora que se observaba en los cuellos de botella favorecerían un fuerte repunte de la actividad a partir de primavera, el estallido de la guerra en Ucrania dio al traste con estas positivas expectativas. Italia es, junto con Alemania, una de las economías más afectadas por las consecuencias de la guerra. De una parte, el consumo de gas representa más del 40% del consumo de energía total y un 40% del gas procede de Rusia. De otra, su sistema bancario es uno de los más expuestos dentro de la eurozona. Los activos de titularidad rusa en entidades de  crédito italianas ascienden a un 1,5% de su PIB (en Alemania, por ejemplo, apenas alcanzan el 0,2%).
  • Al mismo tiempo, la inflación está subiendo con fuerza y no se prevé una corrección significativa hasta, al menos, el último trimestre del año. En marzo la tasa interanual se situó en el 6,8%, máximo de la serie histórica. Por tanto, es de esperar cierto impacto negativo en el consumo de las familias que han visto sustancialmente erosionada su capacidad de compra en los últimos meses.
  • El shock que supone la guerra en Ucrania puede tener también consecuencias en la implementación de las reformas adoptadas dentro del marco del Next Generation. El aumento generalizado de los costes de producción y el agravamiento de los cuellos de botella aumentan el riesgo de que se retrasen parte de los proyectos recogidos en el plan de recuperación. Además, la nueva realidad que se abre con el conflicto bélico puede obligar al Gobierno a reformular las prioridades para la economía, ante la necesidad de diversificar las fuentes de energía. Por tanto, la mayor parte del impacto positivo sobre el crecimiento de la puesta en marcha del plan de recuperación podría notarse en 2023-2024, y no en este año como inicialmente estaba previsto. Por otro lado, la delicada situación de las cuentas públicas tras la pandemia reduce el margen de maniobra de la política fiscal a la hora de implementar nuevas medidas de apoyo, en caso de que fuese necesario. Adicionalmente, el entorno de subidas de tipos de interés que se contempla puede aumentar la carga de su elevada deuda más de lo esperado.
  • En consecuencia, revisamos significativamente a la baja la previsión de crecimiento para 2022 hasta el 2,4%. Con todo, la incertidumbre del escenario es mucho más elevada de lo habitual y no pueden descartarse sorpresas a la baja en el crecimiento y al alza en la inflación.