Abril, sin datos mil para el BCE
La dirección de la eurozona es propicia a un recorte de tipos, con la inflación acercándose al 2%, sin indicios de efectos de segunda ronda que vayan a comprometer el objetivo y una actividad estancada en un entorno monetario restrictivo, con elevada incertidumbre y de flaqueza en la demanda exterior. Con todo, el BCE se acerca a esta distensión monetaria con cautela y un sesgo antiinflacionista, especialmente en vista de que hay algunos componentes de la inflación que son más inerciales, siguen en tasas elevadas y lo hacen en un contexto en el que todavía no se ha disipado el temor a una retroalimentación entre precios, salarios y márgenes empresariales. Por ello, el BCE quiere ver más datos en la buena dirección antes de mover ficha y, en abril, los más probable es que haya ajustes comunicativos para reforzar la perspectiva de un recorte en junio y, quizás, alguna pista sobre la dirección y velocidad de la política monetaria a partir de julio.