España ha experimentado en los últimos años un aumento sostenido del emprendimiento empresarial, alcanzando su nivel más alto desde 2012. Sin embargo, la creación de empresas sigue situándose por debajo de la media europea y persisten importantes desafíos estructurales: una elevada mortalidad temprana de las nuevas empresas, una fuerte concentración geográfica del emprendimiento y una escasa orientación hacia sectores de alto valor añadido. Pese a estas debilidades, emergen señales alentadoras en los sectores vinculados a la digitalización y la economía 4.0. El gran reto consiste en aprovechar este foco de dinamismo para lograr que más proyectos sobrevivan, se consoliden y se orienten hacia sectores de mayor productividad, de modo que todo ello se traduzca en un crecimiento económico más sólido, equilibrado y duradero.
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Tras un 2023 excepcional para el turismo en España, con niveles récord de llegadas internacionales, gasto, pernoctaciones y turismo doméstico, los datos de 2024 están superando las expectativas y marcando el mejor comienzo de año en la historia del sector. En 2024, desde CaixaBank Research prevemos que el PIB turístico crezca un 5% y que se superen los 90 millones de visitas de turistas internacionales.
Las exportaciones agroalimentarias han exhibido un gran dinamismo durante la pandemia en un contexto en el que el comercio internacional ha sufrido con especial dureza el impacto de la crisis. La carne de porcino, las frutas y algunas verduras frescas han sido los productos con mayor demanda, y el País Vasco y sobre todo Aragón, las regiones con los mayores crecimientos de las exportaciones entre enero y julio de 2020. A pesar de este comportamiento favorable hasta la fecha, el sector sigue atentamente la evolución de las tensiones comerciales globales, especialmente entre EE. UU. y la UE, y las negociaciones sobre el brexit.
El sector agroalimentario aporta un gran valor a la economía española, con una contribución del 5,8% del PIB, un 11% si se incluyen todas las actividades de la cadena alimentaria. Además, destaca por su elevado potencial exportador y por una resiliencia que históricamente le ha permitido capear los vaivenes de la economía. Así, aunque los principales mercados de destino de las exportaciones agroalimentarias españolas se han ralentizado por el incremento de las tensiones comerciales y la incertidumbre por el brexit, los indicadores de actividad disponibles muestran que por el momento el sector está resistiendo el envite razonablemente bien.
A partir de datos anonimizados de pagos con tarjetas en los TPV de CaixaBank, hemos analizado si se registran cambios en el gasto turístico y hemos observado que las zonas más cálidas de España tuvieron un crecimiento del gasto turístico más lento entre las temporadas altas de 2019 y de 2023. También analizamos cómo cambia el patrón de gasto de los turistas durante las oleadas de calor.
Aunque los meses de verano siguen concentrando gran parte de los flujos turísticos, los viajes fuera de la temporada alta aumentan con mayor fuerza, especialmente entre los europeos y entre los españoles con rentas medias y altas.
El sector del comercio minorista desempeña un papel muy relevante en una economía eminentemente de servicios como la española, con un mayor peso respecto a otras economías europeas en términos de actividad, empleo y número de empresas. Se trata de un sector empresarialmente atomizado, con fuerte presencia de pymes y micropymes, y especialmente intensivo en empleo. Además, su presencia está ampliamente extendida a lo largo y ancho de nuestra geografía. Todo ello le concede cierto papel cohesionador, tanto desde el punto de vista social como territorial, dentro de la economía española.
El sector agroalimentario español sigue mostrando una notable fortaleza y se ha consolidado como principal motor exportador del país, gracias a una coyuntura favorecida por un aumento de precios contenido y la recuperación de la demanda. España se posiciona como la cuarta potencia exportadora de la UE y la octava a nivel mundial, con una cuota del 3,4%. Además, acumula casi tres décadas de superávits comerciales, equivalentes al 1,2% del PIB en 2024. Pese al complejo entorno internacional, marcado por las tensiones geopolíticas y el proteccionismo, el crecimiento que registraron las exportaciones agroalimentarias en el primer semestre de 2025, tanto en volumen como en valor, auguran un buen año para el sector.
Los indicadores muestran que el ritmo de crecimiento del sector turístico español se está normalizando tras los excepcionales registros de 2022-2024, impulsados por la recuperación pospandemia y el consiguiente repunte del consumo de servicios. Las tendencias observadas a finales de 2024 se prolongan en 2025: el sector mantiene su atractivo para un creciente número de turistas internacionales, mientras que el turista residente pierde presencia en los destinos locales y gana protagonismo en el extranjero. Aun así, este año el sector volverá a ser clave para la economía española. Según nuestras previsiones, el PIB turístico crecerá un 2,7%, gracias al sólido arranque de año, al aumento de la renta disponible de las familias, a la reactivación de algunas economías europeas y a la moderación de la inflación turística.
En este primer artículo de una serie de dos, repasamos el comportamiento reciente de la inversión en equipo en España y su comparativa con el resto de la eurozona. En un segundo artículo, en este mismo Informe Mensual, indagamos acerca de los incentivos a invertir, a partir del análisis de la evolución de la rentabilidad y el coste de financiación por sectores.
La sociedad se ha polarizado de forma notable en los últimos años. En EE. UU., la polarización se manifiesta a través de una mayor distancia entre las opiniones de los votantes republicanos y demócratas. En Europa, en un aumento de los desacuerdos en torno a temas fundamentales como inmigración o la integración europea. Los partidos políticos de las economías avanzadas también se han polarizado de forma especialmente pronunciada en la última década.
Un impulso digital a la productividad, ¿pondría fin a los bajos tipos de interés?
El entorno de bajos tipos de interés en el que se encuentran las principales economías avanzadas refleja transformaciones económicas profundas.1 Como hemos visto recientemente,2 el grueso de los estudios señala que la demografía es la más importante de estas fuerzas y, probablemente, el envejecimiento de la población seguirá pesando sobre los tipos de interés en las próximas décadas. Frente a este lastre, el futuro de la productividad es una de las claves para impulsar al alza los tipos de interés. Veamos cómo y con qué condicionantes.
El retorno este año de las reglas fiscales –como garantes de la sostenibilidad de la deuda pública– y la persistente brecha de inversión para abordar las prioridades de la UE en el actual contexto geopolítico conforman un escenario de fricción que hace necesaria una estrategia fiscal coordinada en tiempos e intensidad que excede con mucho el horizonte de los mandatos políticos nacionales y comunitarios, siendo imprescindible superar diferencias y algunos tabús que han caracterizado la historia económica de la UE en otros momentos.
Contar con unas políticas activas de formación, así como la capacidad para atraer talento en los sectores con mayor déficit de personal cualificado, será clave para que la UE progrese en innovación y competitividad y así no quedarse rezagada respecto a sus principales competidores
Tras casi dos años incrementando los tipos de interés, en 2023 los principales bancos centrales alcanzaron la cima y reajustaron su estrategia: en vez de subir más los tipos oficiales, el endurecimiento monetario se iba a vehicular sosteniendo esa cima por un buen tiempo. Sin embargo, ya en otoño los mercados financieros se cuestionaban esta narrativa. ¿Por qué?
El estallido de la pandemia en 2020, y más recientemente la guerra en Ucrania, ha acelerado la tendencia de desacoplamiento entre Estados Unidos y China, a la que parece que se ha unido Europa, aunque de forma tímida, de momento. Analizamos la dependencia de la UE de China para entender si es posible, o incluso deseable, una autonomía estratégica europea.
Una de las grandes preguntas del momento es si el aumento de precios se trasladará a los salarios. Para responderla analizamos cómo se están comportando las dinámicas salariales en la eurozona y cuál podría ser su evolución futura.
La negociación del próximo presupuesto pondrá nuevamente a prueba el estado de salud del proyecto europeo, del que dependerá nuestra autonomía estratégica para abordar los retos geopolíticos que seguirán llegando del exterior.