Perspectivas para la economía internacional en 2026

A cierre de este informe, el conflicto en Oriente Próximo sigue abierto y sigue tensionando los precios de la energía y sus derivados. La duración del conflicto será determinante para evaluar su impacto económico. En la región se produce casi el 30% del crudo y el 20% del gas mundiales; este último es un insumo clave en la producción de fertilizantes y helio, fundamental para la producción de semiconductores; y, además, en ella se encuentran dos de las principales vías marítimas del mundo: los estrechos de Ormuz y de Bab-el-Mandeb (en el Mar Rojo). Asimismo, existen elementos que pueden presionar para acelerar una salida al conflicto, como la pérdida de popularidad de Trump (que puede pasarle factura en las mid-term) o el elevado coste económico de la guerra. Dada la incertidumbre del entorno, nuestras previsiones económicas se anclan en los precios de la energía cotizados en los mercados.

8 de junio de 2026

En concreto, nuestro escenario descansa en los futuros cotizados por los mercados financieros en un promedio de 14 días laborables (para reducir su volatilidad). Con estos datos, el barril de Brent superará los 100 dólares hasta julio, para abaratarse gradualmente hasta unos 85 dólares a final de año, lo que situará la cotización media del Brent en 2026 en torno a los 90 dólares y en 2027 prácticamente en los 80 dólares, niveles sustancialmente más elevados que los descontados antes del conflicto (casi 25 y 15 dólares superiores, respectivamente). Además, no se prevé volver a cotizaciones preguerra hasta, por lo menos, 2030. Para los precios del gas, el impacto ha sido muy inferior al sufrido tras el inicio de la guerra en Ucrania. Con todo, los futuros en los que descansan nuestras previsiones descuentan un precio del gas algo inferior a 45 euros por MWh en media de 2026 y de algo superior a 35 euros/ por MWh en media de 2027, unos 10-15 euros más caro cada año que los esperados antes del conflicto.

En otras palabras, los futuros energéticos parecen estar descontando una resolución progresiva del conflicto militar que llevaría a una reapertura del estrecho de Ormuz, pero reconociendo que ello no implica una recuperación inmediata de la actividad a los niveles preconflicto.1

En este contexto de precios de la energía más elevados, el crecimiento económico será menor de lo esperado antes del conflicto, sobre todo en aquellos países más dependientes de las importaciones energéticas (Europa y Asia, sobre todo India, especialmente afectadas), al tiempo que la inflación subirá de forma generalizada, lo que condicionará una posición más hawkish de los principales bancos centrales.2

  • 1

    Véase el Focus «Los nuevos (des)equilibrios del mercado del petróleo» en este mismo Informe Mensual.

  • 2

    Véase el Focus «Las condiciones financieras detrás del escenario económico en 2026» en este mismo Informe Mensual.

La eurozona se enfrenta a otro 'shock' energético

La región tiene una baja exposición directa a Oriente Próximo. Pero, pese a los esfuerzos llevados a cabo en los últimos lustros para aumentar su eficiencia energética y potenciar el uso de energías renovables, sigue teniendo una elevada dependencia de los combustibles fósiles: representan casi el 70% de toda la energía consumida por toda la economía, siendo prácticamente el único tipo de energía usado en el sector de transporte.3 El impacto de unos mayores precios energéticos hará que la inflación sea más elevada en los próximos meses y superará en media el 3,0% en 2026, alrededor de 1,0 p. p. por encima de lo esperado antes de la guerra. Por tanto, la capacidad de compra de las familias se reducirá y el consumo privado perderá ritmo en los próximos trimestres, pero sin llegar a retroceder, gracias al elevado colchón de ahorro existente (más del 14% de la renta bruta disponible) y a un mercado de trabajo todavía resiliente (la tasa de paro lleva más de un año en torno a mínimos históricos del 6,2%). También hay que tener en cuenta que el cierre de 2025 y el comienzo de 2026 en la eurozona fueron más débiles de lo esperado, lo que explica la sustancial revisión a la baja que llevamos a cabo: –0,5 p. p. en 2026, hasta un 0,7%, y –0,3 p. p. en 2027, hasta un 1,2%. Esta pérdida de dinamismo de la actividad, por otro lado, mitigará los efectos indirectos y de segunda ronda y, junto con distintas medidas fiscales aprobadas, ayudará a contener el impacto inflacionista de la guerra. Por el momento, la eurozona evitará entrar en recesión, pero no podría descartarse si el conflicto se prolonga y se materializan escenarios más adversos.

EE. UU., el impacto de una inflación más elevada sobre un crecimiento muy basado en la inversión en tecnología

EE. UU. es el mayor productor mundial de crudo y gas y un exportador neto, pero eso no implica que sus consumidores no noten el impacto de la subida de precios de la energía. De hecho, la inflación ya está acusando este impacto (la gasolina supera los 4 dólares por galón), en un contexto en el que los precios de los servicios ya mostraban una elevada resistencia a moderarse. En consecuencia, el impacto directo del encarecimiento energético hará que la inflación general en 2026 sea, en media, casi 1,0 p. p. más elevada de lo que habría sido sin el conflicto, alcanzando el 3,5%. Esta evolución de la inflación afectará negativamente al consumo de los hogares, como ya apunta el notable deterioro de los principales indicadores de confianza de las familias, si bien todavía mantendrán ritmos de avance dinámicos. Además, seguimos confiando en que la inversión en tecnología se mantendrá sólida gracias al impulso del despliegue de la IA, por lo que la economía estadounidense mantendría ritmos de avance bastante robustos. No obstante, dado que el 4T 2025 y el 1T 2026 fueron más débiles de lo esperado, recortamos en 0,5 p. p. el crecimiento previsto para 2026, hasta un 2,1%, ritmos en los que prácticamente se mantendrá en 2027.

China se beneficiará del impulso que suponen sus exportaciones de alto valor añadido

La economía china afronta el impacto de la guerra en Oriente Próximo con cierta ambigüedad. Al ser importador neto de energía, se ve castigada por el fuerte encarecimiento de la energía, al tiempo que sus exportaciones a Europa (que representan casi el 16% de su total) se ven entorpecidas por las disrupciones comerciales en la región. Sin embargo, el despegue de la IA y el desarrollo de las energías verdes en buena parte del mundo están impulsando sus exportaciones de alto valor, sectores en los que China ya se ha convertido en un referente mundial. A corto plazo, esta mayor diversificación de las exportaciones chinas contribuirá a sostener el crecimiento de su economía. Esto, sumado a la rebaja arancelaria provocada por el Tribunal Supremo de EE. UU. y a un inicio de año algo mejor de lo estimado, nos reafirma en nuestra previsión de crecimiento del 4,5% para 2026 y del 4,0% para 2027. Por su parte, las medidas implementadas por el Gobierno para contener el impacto del shock energético mantendrán bajo control una inflación que, antes del conflicto, era muy baja, con lo que confiamos que se sitúe en un rango entre el 1,0%-1,5% en 2026 y 2027.

En suma, parece que nos dirigimos hacia un mundo con menor crecimiento e inflaciones más elevadas. La incertidumbre es muy alta y todavía no pueden descartarse los escenarios más adversos, con impactos regionales muy dispares y en donde la inflación alcanzaría tasas mucho más elevadas por más tiempo, como ya alertó el FMI en su informe de abril. Con todo, hay que incidir en que la situación es diferente a la de 2022, cuando las importantes disrupciones que todavía sufrían las cadenas de oferta a nivel global tras la pandemia llevaron la inflación mundial a casi al 9,0%.