• La digitalización del sector agroalimentario: ¿qué nos dice Twitter?

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    La tecnología avanza a un ritmo frenético y ofrece a la cadena agroalimentaria numerosas oportunidades para que su producción sea más eficiente y sostenible. Además, la irrupción de la COVID-19 ha puesto de manifiesto que las empresas más digitalizadas pudieron continuar con sus actividades con más facilidad que el resto. En este artículo examinamos el grado de popularidad de las distintas tecnologías digitales que se utilizan en el sector primario y en la industria agroalimentaria a partir del análisis de texto de más de 2 millones de mensajes en la red social Twitter. Todas ellas son imprescindibles para crear un ecosistema conectado que formará la cadena alimentaria 4.0 del futuro.

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    La llegada inesperada de la pandemia ha puesto de manifiesto que las empresas más digitalizadas estaban más preparadas para adaptarse a la nueva situación y pudieron continuar con sus actividades de forma mucho más fluida que el resto. No cabe duda de que, en el nuevo entorno, la transformación digital de las empresas se presenta como un aspecto ineludible para fortalecer la competitividad empresarial. 

    El big data, la robótica, el internet de las cosas y el blockchain son algunos ejemplos de las nuevas tecnologías digitales que gradualmente están adoptando las empresas, en particular en el sector agroalimentario. La tecnología avanza a un ritmo frenético y está ofreciendo a la cadena agroalimentaria numerosas oportunidades para producir de una manera más eficiente y sostenible. Sin embargo, la información estadística sobre el grado de adopción de dichas tecnologías es limitada, y la fuente estadística oficial más completa1 no proporciona información sobre el sector primario. A continuación, presentamos un novedoso análisis sobre la «popularidad» de las nuevas tecnologías digitales en el sector agroalimentario a partir de la información de Twitter.

    • 1. Encuesta sobre el uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) y el comercio electrónico en las empresas, elaborada por el INE.
    Twitter como una fuente de información para detectar tendencias de futuro

    La información de Twitter puede ser muy valiosa para detectar nuevas tendencias de futuro, pues permite analizar la popularidad de determinados términos, según la frecuencia con la que aparecen en los tuits. Es cierto que no es lo mismo «hablar de ello» que haber implementado con éxito las distintas tecnologías digitales en el funcionamiento recurrente de la empresa. Por este motivo, los resultados que presentamos a continuación deben interpretarse sencillamente como indicativos de nuevas tendencias que pueden estar arraigándose en las empresas del sector agroalimentario. 

    La información de Twitter permite analizar el grado de «popularidad»

    de las distintas tecnologías digitales en el sector agroalimentario según la frecuencia en la que aparecen mencionadas en los tuits.

    Para este estudio, se procesó información de más de 24 millones de tuits emitidos por usuarios individuales y medios digitales durante el periodo 2017-2019. Entre ellos, 2 millones correspondían al sector agroalimentario. Usando técnicas de procesamiento de lenguaje natural, se categorizaron los tuits según las menciones de distintas tecnologías digitales y según el sector de actividad.2 La clave para obtener información relevante de las redes sociales pasa por definir previamente palabras «semilla» que permitan identificar los documentos correspondientes a cada uno de los sectores de actividad, y palabras «semilla» relacionadas con las distintas tecnologías digitales de interés.3 Mediante un algoritmo de machine learning se identificaron adicionalmente otras palabras relacionadas con el concepto en cuestión y que no fueron incluidas inicialmente, de modo que se amplió el espectro de documentos analizados. En este estadio, es importante hacer un cuidadoso cribado de palabras polisémicas (es decir, las que tienen más de un significado, como, por ejemplo, la palabra «reserva», que tanto puede referirse a la habitación de un hotel como a un vino).

    • 2. Este análisis fue realizado en colaboración con Citibeats, empresa especialista en el procesamiento de lenguaje natural no estructurado.
    • 3. Por ejemplo, las palabras «semilla» usadas para identificar el big data fueron: analytics, arquitectura de sistemas, data mining, database, inteligencia empresarial, Python y SQL, entre otras (además de big data propiamente).
    ¿Cuál es el grado de digitalización del sector agroalimentario según Twitter?

    Para valorar el grado de digitalización del sector agroalimentario según los datos de Twitter, necesitamos primero poner en perspectiva cuán habituales son los tuits sobre digitalización en otros sectores de actividad. El sector más digitalizado según nuestro análisis es el de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC): un 3,2% de los tuits del sector contienen términos relacionados con la digitalización, un resultado que no sorprende, dada la propia naturaleza del sector. A continuación, encontramos el sector de las finanzas y los seguros, con un 2,7% de los tuits. 

    En el sector primario, este porcentaje es claramente inferior, del 0,6%, pero similar al 0,7% de las actividades profesionales, científicas y técnicas. En el caso de la industria agroalimentaria, el porcentaje de tuits sobre digitalización es solamente del 0,3%, muy próximo al sector de las manufacturas básicas (que aglutina la industria textil, la madera, el papel y las artes gráficas) y que presenta el porcentaje más bajo entre los sectores analizados, del 0,2%.

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    ¿Qué tecnologías digitales son más populares en el sector agroalimentario según Twitter?

    La riqueza de información obtenida de Twitter permite detectar las herramientas digitales más populares en cada sector de actividad según la frecuencia con la que se mencionan en los tuits analizados. Según nuestro análisis, una gran parte de los tuits del sector primario sobre digitalización suele incluir temas de big data (un 45% del total de tuits sobre digitalización). Un claro ejemplo de la aplicación de big data en el sector se encuentra en las denominadas técnicas de «agricultura de precisión», que requieren del análisis de grandes cantidades de información con el fin de optimizar la toma de decisiones para aumentar la producción y, a su vez, garantizar la sostenibilidad. Estas técnicas se usan, por ejemplo, para calcular las necesidades de riego de los cultivos teniendo en cuenta las condiciones climáticas (la radiación solar, el viento, la temperatura y la humedad relativa) y las características de los cultivos (especie, estado de desarrollo, densidad de plantación, etc.). Para realizar este cálculo, se necesitan datos meteorológicos actualizados en tiempo real, una elevada capacidad de computación y una gran velocidad de transmisión de la información para que el sistema de riego automático se ajuste debidamente. Esta tecnología ayuda a hacer más eficiente el uso del agua, un aspecto muy relevante en áreas de clima mediterráneo, altamente vulnerables al cambio climático y donde el agua es un factor limitante. 

    El «big data», el internet de las cosas y la robótica son las tecnologías más populares

    en el sector primario, y son indispensables para avanzar en la aplicación de técnicas de agricultura de precisión y la automatización inteligente del campo.

    Otras tecnologías populares en el sector primario son el internet de las cosas (16% de los tuits) y la robótica, incluyendo los drones (10% de los tuits). Las nuevas tecnologías digitales prometen ser una revolución en el ámbito de la agricultura y la ganadería en pleno siglo XXI, tal y como la clásica mecanización del campo lo fue en el siglo XX. Así, la maquinaria agrícola 4.0 (aquella más cercana a los robots de las películas de ciencia ficción que al tractor que estamos acostumbrados a ver en todas las explotaciones del país) permite aumentar la productividad a la vez que mejora las condiciones de trabajo en el campo. Esta tendencia hacia una mayor automatización de las tareas agrícolas se ha visto reforzada a raíz de la pandemia de coronavirus, pues la dificultad para contratar trabajadores de temporada debido a las restricciones a la movilidad internacional ha provocado un aumento del interés en la robótica y la automatización agrícola. En efecto, las empresas que fabrican robots para la agricultura han detectado un fuerte aumento de pedidos, por ejemplo, de robots que recogen fresas a la vez que eliminan el moho con una luz ultravioleta.4

    El uso de los drones merece una mención especial, pues ha experimentado un crecimiento exponencial en los últimos años y sus aplicaciones son cada vez más amplias: desde la detección temprana de plagas mediante la inspección aérea de grandes áreas de cultivo, hasta la localización de jabalíes mediante cámaras térmicas para impedir el contagio de peste porcina africana a los cerdos de granja.5

    • 4. Véase Financial Times Agritech «Farm robots given Covid-19 boost», 30 de agosto de 2020.
    • 5. Véase http://www.catedragrobank.udl.cat/es/actualidad/drones-contra-jabalies

    Popularidad de las distintas tecnologías digitales en el sector agroalimentario

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    El blockchain es la tecnología que más destaca en la industria agroalimentaria (30% del total de tuits sobre digitalización del sector). No podría ser de otra manera, pues tiene múltiples aplicaciones para la industria de la alimentación y las bebidas. Gracias a una cadena de registros inalterables y confiables, el blockchain permite ofrecer una trazabilidad completa de los productos en todos los eslabones de la cadena alimentaria. Así, el simple escaneo de un código QR proporciona acceso a toda la información referente a la procedencia, el método de producción, los tratamientos veterinarios recibidos, los ingredientes empleados, etc. Muchas empresas agroalimentarias ya están experimentando en la actualidad con el blockchain, puesto que ofrece claros beneficios en términos de la transparencia sobre el origen, la calidad del producto y la seguridad alimentaria, aspectos cada vez más valorados por los consumidores. La tecnología blockchain se está empleando también para limitar el desperdicio alimentario, otro reto ineludible del sector.

    El «blockchain» permite la autenticación digital

    de los productos alimentarios y permite su trazabilidad en todos los eslabones de la cadena alimentaria.

    En relación con otros sectores, ¿en qué herramientas destaca el sector agroalimentario?

    Hay algunas tecnologías digitales que son poco populares en todos los sectores de actividad, quizá porque tienen un rango de aplicación más limitado o específico. Es decir, tecnologías que, a pesar de tener un bajo porcentaje de tuits en términos absolutos según nuestro análisis, pueden tener una popularidad relativamente alta para un sector en comparación con el resto de los sectores. 

    Para detectar estos casos, calculamos una nueva métrica, el índice de concentración, que tiene en cuenta la popularidad relativa de las tecnologías en un sector respecto al resto de los sectores.6 Con esta metodología, obtenemos que el sector primario sigue destacando en big data. En concreto, el sector primario concentra un 9,2% del total de tuits sobre big data emitidos por todos los sectores, un porcentaje muy superior al 3,1% que representan los tuits del sector primario sobre el total de tuits analizados (véase en la siguiente tabla que el índice de concentración es igual a 3 en este caso). También observamos que el sector destaca en el internet de las cosas, como ya habíamos comentado, pero descubrimos que la nanotecnología también es una tecnología popular en el sector primario en términos relativos. Es decir, a pesar de que solo un 3,8% de los tuits del sector primario tratan temas de nanotecnología, este porcentaje es elevado en comparación con el 1,7% que representan los tuits de nanotecnología sobre el total (es una tecnología poco popular en general en todos los sectores, pero en el sector primario es algo más popular que en otros). Este dato no sorprende, puesto que la ingeniería genética es uno de los campos en los que más ha avanzado la tecnología para incrementar la productividad de los cultivos. Por ejemplo, al optimizar el rendimiento de las cepas es posible desarrollar plantas mucho más resistentes a las condiciones climáticas extremas o a las plagas.

    • 6. El índice de concentración se calcula como la ratio entre (1) el porcentaje de tuits de una tecnología y sector respecto al total de tuits de esta tecnología, y (2) el porcentaje de tuits de un sector respecto el total de tuits de todos los sectores. Valores superiores a 1 indican que la tecnología es relativamente más popular en ese sector.

    Índice de la concentración de tuits de cada tecnología respecto a los otros sectores

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    Finalmente, la realidad virtual y aumentada también es una tecnología relativamente popular en la industria agroalimentaria. En concreto, la industria agroalimentaria concentra un 6,2% del total de tuits sobre realidad virtual y aumentada emitidos por todos los sectores, un porcentaje que más que duplica el 2,5% que representan los tuits del sector primario sobre el total de los analizados (el índice de concentración es igual a 2,5 en este caso). Esta tecnología usa entornos virtuales (realidad virtual) o incorpora elementos virtuales a la realidad (realidad aumentada) que aportan conocimiento e información de utilidad para la optimización de los procesos. En un principio puede sorprender que esta tecnología sea relativamente popular en la industria agroalimentaria, pero sus usos se van extendiendo a medida que la industria va implantando las tecnologías digitales en sus procesos de producción, en la denominada industria 4.0. Un ejemplo concreto del uso de esta tecnología es el de la reparación de averías. Cuando se produce una avería, el operario utiliza gafas de realidad aumentada para, a través de ellas, seguir los pasos detallados en los manuales de instrucciones virtuales que se le proyectan sobre la lente para ayudarle a resolver la incidencia. Las gafas reconocen las diferentes partes de la máquina y le indican visualmente al operario dónde debe actuar para solucionar el problema.

    Los ejemplos para la aplicación de las nuevas tecnologías digitales en el sector agroalimentario son numerosos. Nos encontramos ante una revolución que está llamada a transformar los distintos eslabones de la cadena alimentaria: desde la explotación de datos y el uso de drones para lograr cosechas más eficientes, hasta el empleo de la tecnología blockchain para mejorar la trazabilidad de los productos finales que llegan a nuestros hogares. En definitiva, el futuro nos traerá la cadena alimentaria 4.0, un ecosistema totalmente conectado del campo a la mesa.

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  • 'e-commerce': un avance de años vivido en pocos meses

    cataláninglés

    La pandemia ha provocado, forzosamente, cambios muy importantes en nuestros hábitos de consumo. Ante la imposibilidad de acceder de forma presencial a los comercios, los canales de compra on-line han ganado mucho peso durante el año 2020. Según el análisis de los datos internos de CaixaBank, este crecimiento no solo ha sido significativo, sino que también ha sido generalizado entre empresas de distinto tamaño y sector, y ha supuesto un acicate para que muchas se lanzaran por primera vez a utilizar el e-commerce como canal de venta.

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    El gran crecimiento del e-commerce tras el estallido de la pandemia

    Las duras restricciones a la movilidad impuestas para combatir la expansión de la COVID-19 han supuesto, sin duda, un duro golpe para la economía española, pero también han actuado como acelerador de algunas tendencias de cambio que veníamos observando en el pasado. Uno de los cambios que más se ha acelerado y que más presente hemos tenido es la adopción del e-commerce como método de venta en los comercios minoristas. En el contexto de restricciones a la movilidad y distanciamiento social que estamos viviendo, las ventas on-line están suponiendo un revulsivo para el sector del retail que ha contribuido a evitar una situación económica todavía más compleja durante la pandemia.

    Para analizar el avance del comercio on-line, recurrimos al indicador de consumo que elaboramos a partir de los datos internos de CaixaBank, y nos detenemos a analizar la evolución del comercio minorista sin el comercio de bienes esenciales, que experimentó unas dinámicas muy diferentes al resto del comercio minorista.11 Tal y como se puede observar en el gráfico de la siguiente página, las compras por e-commerce han mostrado una evolución muy favorable desde el inicio de la pandemia. Entre los meses de abril y mayo de 2020, cuando las restricciones a la movilidad fueron más intensas, el gasto en e-commerce llegó a anotar tasas de crecimiento de tres dígitos, alcanzando volúmenes de gasto solo superados en la semana de Black Friday de los últimos años. El ritmo de crecimiento se moderó a medida que las restricciones a la movilidad se relajaron y la posibilidad de realizar compras presenciales volvió a escena. A pesar de ello, las tasas de crecimiento se han mantenido siempre por encima del 50% con respecto a 2019, salvo en momentos muy puntuales.

    • 11. Concretamente, excluimos del análisis la venta de alimentación y farmacias, puesto que el efecto de las restricciones en el consumo de este tipo de bienes fue el opuesto al observado en el comercio de bienes no esenciales durante la primera parte de la pandemia.

    Indicador CaixaBank de consumo en comercio minorista1

    Variación con respecto al nivel de referencia (%)2

    Indicador CaixaBank de consumo en comercio minorista

    La evolución descrita para el e-commerce encuentra un claro contraste en el comportamiento de las ventas presenciales que, tal y como se puede observar en el gráfico, cayeron sobremanera durante el primer estado de alarma y, en menor medida, durante la segunda y tercera ola de COVID-19, vividas en noviembre de 2020 y en febrero de 2021. Así, en el conjunto de 2020, el gasto presencial en el comercio minorista cayó un 23% con respecto a 2019, mientras que el e-commerce creció un 69% anual. Con ello, el crecimiento de las ventas on-line amortiguó el impacto sobre la facturación del sector, que cayó un 15%.

    Crecimiento democrático de las ventas por internet

    Una pregunta pertinente que nos podemos formular es qué tipo de comercio se ha podido beneficiar del aumento de las ventas on-line. Pasar a vender on-line o ampliar los canales de venta e-commerce supone para un comercio una inversión en digitalización importante, que implica una barrera para los negocios más modestos, sobre todo para los que tuvieron que adoptar este canal por primera vez. A pesar de ello, según el análisis de los datos internos de CaixaBank, el crecimiento del e-commerce ha sido generalizado, observándose tanto en empresas grandes y pequeñas como en empresas con experiencia e-commerce y en nuevos entrantes.

    Según el análisis de los datos internos de CaixaBank,

    el crecimiento del e-commerce ha sido generalizado, observándose tanto en empresas grandes y pequeñas como en empresas con experiencia y en nuevos entrantes.

    Tal y como recoge el siguiente gráfico, a partir del mes de mayo de 2020, la contribución al crecimiento de las ventas e-commerce por parte de nuevos entrantes fue aumentando a un ritmo constante, llegando a alcanzar un 30% del total. Sin embargo, tras la declaración del segundo estado de alarma el 25 de octubre de 2020, la tendencia al alza se rompió por completo. Probablemente, debido a que, en eventos como el Black Friday y la temporada navideña, los comercios electrónicos más consolidados en venta e-commerce volvieron a capturar el grueso de las ventas on-line. A pesar de ello, la contribución al crecimiento del e-commerce por parte de nuevos entrantes fue muy elevada en el conjunto de 2020, lo que revela que la adopción del canal de ventas on-line se ha dado también en comercios que no estaban digitalizados.

    Contribución al crecimiento del e-commerce de retail de los nuevos entrantes

    Última actualización: 21 junio 2021 - 10:06

    Si nos detenemos a observar las dinámicas del e-commerce según el tamaño empresarial, observamos dos etapas diferenciadas. En primer lugar, durante los meses del primer estado de alarma las compañías grandes fueron las que lideraron el grueso del crecimiento del comercio electrónico. A los pequeños comercios les costó más reaccionar de forma inmediata, y muchos tuvieron que esperar a poder abrir presencialmente para poder comenzar una adaptación hacia la venta e-commerce.

    Durante los meses del primer estado de alarma

    las compañías grandes fueron las que lideraron el grueso del crecimiento del comercio electrónico. A los pequeños comercios les costó más reaccionar.

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    A partir de finales del mes de junio, coincidiendo con el fin del estado de alarma, la dinámica del e-commerce comienza a cambiar en favor de los comercios más pequeños. Concretamente, a partir de dicho momento, la posibilidad de abrir las puertas para muchos pequeños comercios facilitó una adaptación más rápida al canal de venta on-line. Así, en los meses de julio y agosto, las ventas on-line de las empresas de menor tamaño llegaron a generar cerca de la mitad del crecimiento total del e-commerce del sector.

    Indicador CaixaBank de e-commerce en comercio minorista1

    Contribución a la variación interanual (p. p.)

    Indicador CaixaBank de e-commerce en comercio minorista
    Cambio estructural

    Los datos internos de CaixaBank también apuntan a que el aumento de las ventas por internet no se concentra en unos pocos tipos de comercio, más bien lo contrario. Todas las categorías comerciales reflejan un crecimiento apreciable durante 2020, aunque vemos cómo, tras la retirada de restricciones, el crecimiento del e-commerce se modera en pro de una mejora del gasto presencial.

    Así, es interesante evaluar en qué medida el crecimiento del e-commerce está aquí para quedarse. Para ello, en el gráfico que se muestra a continuación, reflejamos la tendencia que ha seguido el peso de las compras on-line sobre las compras totales en las diferentes ramas de actividad del comercio minorista. Tal y como se puede observar, el peso del e-commerce repuntó con mucha fuerza en 2020 en todas las ramas de actividad. Sin embargo, si comparamos la tendencia de los últimos años con el registro de marzo de 2021, un mes con restricciones apreciables pero no especialmente duras con el comercio minorista, vemos que hay algunas ramas de actividad (librerías y papelerías, y textil) donde el peso del consumo presencial se ha normalizado de nuevo. Por otro lado, vemos cómo, en el resto de las ramas de actividad, parte de la ganancia extraordinaria de 2020 aún permanecía en el mes de marzo de 2021, apuntando, en cierta medida, a un posible cambio de patrones de consumo.

    Peso del e-commerce sobre las ventas totales

    Última actualización: 21 junio 2021 - 10:07
    Es pronto para saber en qué medida este cambio será estructural y qué parte se disipará una vez superemos la crisis sanitaria.

    Con seguridad, el consumo presencial seguirá siendo una de las principales bases para el comercio minorista.

    En conclusión, el e-commerce ha crecido muy apreciablemente tras la irrupción de la COVID-19. Este crecimiento, además, ha sido «democrático», puesto que tanto grandes como pequeñas empresas (aunque estas tardaron algo más) han aprovechado el impulso que las restricciones a la movilidad han dado al consumo on-line. También ha habido un proceso de aprendizaje muy fuerte que ha comportado que los nuevos participantes en el canal de ventas e-commerce movilizasen buena parte del crecimiento en 2020.

    Ahora bien, es pronto para saber en qué medida este cambio será estructural y qué parte se disipará una vez superemos la crisis sanitaria. Con seguridad, el consumo presencial seguirá siendo una de las principales bases para el comercio minorista. No obstante, es difícil entender el futuro del sector sin una apuesta clara y contundente por continuar digitalizando sus canales de venta, que permitirán a muchos comercios pequeños acceder a un mercado mucho mayor y más diversificado y al consumidor acceder a un mercado con una oferta mucho más rica.

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La economía del sharing: de fenómeno emergente a pieza clave de la revolución digital

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¿Qué le sugieren expresiones como sharing economy, on demand economy o gig economy? Probablemente, no demasiado. Incluso los estadounidenses, habitantes del país en el que el fenómeno está más desarrollado, demuestran poco conocimiento: preguntados por el Pew Research Center en 2016, dos tercios de los encuestados nunca habían oído hablar de la sharing economy, y del tercio que sí, un 40% enfatizaba el elemento de colaboración desinteresada entre personas, un 25% afirmaba que a pesar de haber oído la expresión no sabían qué era y un 16% apuntaba mucho mejor y decía que eran negocios o individuos compartiendo bienes y servicios en una relación de duración breve.

¿Por qué decimos que estos últimos acertaban más el tiro? Porque cuando revisamos algunos de los centenares de artículos, estudios y propuestas políticas sobre la cuestión constatamos que, más allá de la denominación, cuatro elementos se repiten en la mayoría de las definiciones. El primero, es que los servicios de la sharing economy comparten el hecho de estar instrumentados sobre plataformas online y que, en la mayor parte de casos, el acceso a dichas plataformas se realiza mediante una aplicación de móvil o tableta. Un segundo aspecto definitorio es que se establecen relaciones entre pares (peer-to-peer), siendo estos pares a veces individuos, a veces empresas. Un tercer elemento característico es que las relaciones entre los actores tienen un carácter temporal. Finalmente, el cuarto ingrediente de la definición es el intercambio de activos, recursos, tiempo o habilidades, de forma muy flexible y dinámica. Así, pues, si se dan estos cuatro aspectos combinados (porque de forma individual los elementos se encuentran en otras formas de hacer negocios, por ejemplo, el carácter temporal de la relación o el uso de plataformas digitales no son privativos de la sharing economy) es probable que estemos en presencia de un fenómeno nuevo que denominaremos sharing economy (o economía del sharing).

Que se trata de un fenómeno incipiente lo denota la dificultad para tener aproximaciones cuantitativas fiables mediante las estadísticas convencionales. De entrada, una parte de las transacciones de la sharing economy directamente quedan fuera de las medidas habituales, ya que son actividades de no mercado. Pero, para aquellas transacciones que implican pagos monetarios, la cuantificación es posible. En general, se sigue uno de los dos enfoques siguientes: o se monitoriza la dimensión del consumo o la de la oferta.

Desde el primer punto de vista, y a pesar de que la evidencia es limitada, la principal conclusión a la que se llega es que los consumidores utilizan de forma todavía minoritaria la economía del sharing. Según los informes más fiables, entre el 20% y el 30% de los consumidores de los países desarrollados han utilizado algunas de las plataformas digitales que sustentan estos servicios o han compartido algunos de los activos, tangibles o intangibles, que se intercambian. Otro aspecto que a veces se analiza es si los hogares reciben alguna renta proveniente de este ámbito. En EE. UU., según el Pew Research Center, en 2016, aproximadamente un 25% de los norteamericanos habían recibido algún ingreso de la sharing economy, aunque, si se elimina la venta de un bien de segunda mano, las cifras se reducían a menos de la mitad.

Bajo el segundo enfoque, y siguiendo al que es quizás el informe más referenciado en la cuestión,1 es usual identificar cinco grandes sectores principales que operan bajo modelos de negocio de sharing economy: alojamiento entre pares o usuarios, transporte entre usuarios, servicios a los hogares a demanda, servicios profesionales a demanda y finanzas colaborativas. Según dicho informe, en Europa y en 2015, estos cinco sectores acumularon transacciones por un montante de 28.000 millones de euros, que generaron ingresos para las plataformas digitales relacionadas de 4.000 millones de euros. Aunque los niveles, por sí mismos, no parecen excesivos, el ritmo de crecimiento en los últimos años sí que está siendo significativo, ya que las transacciones se triplicaron entre 2013 y 2015, mientras que los ingresos se cuadruplicaron.

Vista la velocidad del cambio a la que estamos asistiendo, la pregunta inmediata es plantearse cuáles son las perspectivas futuras de la economía del sharing. Atender a esta cuestión requiere una reflexión previa sobre cuáles son los factores fundamentales que explican la expansión del fenómeno. De forma general, la eclosión de la sharing economy, y su difusión futura, es el resultado de la confluencia de los cambios en dos ámbitos distintos, el propiamente tecnológico y el de las expectativas de los consumidores. Por lo que se refiere al primero, la digitalización y las plataformas ofrecen a los proveedores la posibilidad de adaptar su oferta a condiciones cambiantes con una flexibilidad elevada. Dicha flexibilidad deriva tanto de la forma en que se oferta el servicio (por ejemplo, con escasas restricciones horarias) como de la posibilidad de explotar la información de los usuarios (mediante tecnologías big data, probablemente). Esta provisión de servicios se realiza muchas veces a un coste más bajo, derivado, por ejemplo, de la eliminación de intermediarios convencionales o de la explotación de activos infrautilizados (podemos pensar en el uso escasamente intensivo que se realiza de bienes como casas o vehículos, pero también de activos intangibles como ciertos conocimientos).

Los cambios en las expectativas de los consumidores, y en sus demandas, son también muy sustanciales. En términos generales, los beneficios que obtienen los consumidores de la sharing economy son fruto de una combinación de factores económicos tradicionales (mejores precios, menor tiempo dedicado a la búsqueda o mejor emparejamiento de oferta y demanda, por citar los principales) y otros de carácter social o medioambiental, como la utilidad derivada de la satisfacción de llevar a cabo prácticas de consumo que se perciben como más sostenibles y favorables al medio ambiente, más transparencia percibida en las transacciones, razones puramente altruistas o sensación de cocrear, o al menos orientar, el servicio (mediante propuestas y/o valoración de la experiencia, por ejemplo).

Siendo estos los factores subyacentes a la expansión de la sharing economy, cabe plantearse cómo interactúan con los distintos modelos de negocio. Como sucede con otros cambios vinculados con la innovación y los shocks tecnológicos, en términos generales, cabe distinguir tres situaciones posibles. La primera sería la de aquellos modelos de negocio que se crean de cero a partir de las plataformas digitales y el enfoque colaborativo, y que han sido capaces de satisfacer las nuevas demandas del consumidor de forma favorable. A estos modelos de negocio los denominaremos «puros». Cronológicamente, los modelos de negocio «puros» han sido los primeros en materializarse y se asocian de forma más clara con el fenómeno de la economía del sharing. A un segundo grupo de modelos de negocio los bautizamos como «revolucionados». Son aquellos que están viendo sustancialmente alterada su forma tradicional de competir por la emergencia de la economía del sharing y que, en el futuro, probablemente, habrán de hibridar elementos colaborativos digitales con otros aspectos de su core business tradicional. Finalmente, también existirán empresas cuyo modelo de negocio no se verá afectado, o solo de forma marginal, por la sharing economy y que etiquetamos como «tradicionales».

Los ejercicios prospectivos disponibles se centran, en la mayor parte de casos, en identificar sectores, actividades y modelos de negocio «puros» (en los que los factores que empujan la economía del sharing se están explotando extensivamente) y proyectar en el futuro sus tendencias. Es lo que hace, por ejemplo, el estudio anteriormente citado, y que, como se puede apreciar en el gráfico adjunto, proyecta que los ingresos de las plataformas y el volumen de los ingresos se multiplicará por más de 20 hasta 2025 en los cinco sectores antes mencionados (alojamiento entre pares o usuarios, transporte entre usuarios, servicios a los hogares a demanda, servicios profesionales a demanda y finanzas colaborativas).

Mucho menos sabemos del que podría ser el principal ámbito de expansión de la sharing economy, su extensión a otros modelos de negocio ya existentes. Por ejemplo, ¿podemos pensar en sectores en los cuales existan activos infrautilizados, sensibilidad sobre sostenibilidad medioambiental creciente o presión para participar en el proceso de creación de la experiencia? Si la respuesta es afirmativa, el sector podría ser susceptible de verse revolucionado por las plataformas digitales. Una forma de concretar el potencial del proceso es determinar qué sectores, definidos convencionalmente, se están viendo afectados por los modelos de negocio «puros» y ver qué importancia tienen en la economía. Según Credit Suisse, las actividades «puras» de sharing economy interactúan con sectores que, en los países avanzados, representan del orden del 50% de la economía. Es poco probable que el nivel de penetración de la economía de sharing llegue nunca a ser tan grande, pero esta cifra es un recordatorio de que pocos sectores pueden considerarse inexpugnables a sus efectos disruptivos y que muchas empresas deberán concebir cambios en su modelo de negocio que reconviertan relaciones de competencia con el sharing a otras de cooperación.

La sharing economy, en conclusión, es un fenómeno nuevo, como denota la forma borrosa con la que todavía se define, pero más allá del nombre, lo que parece emerger es una nueva forma de hacer negocios. Si hoy un nuevo Adam Smith estuviese en el ambicioso ejercicio intelectual de conceptualizar lo que venimos a llamar «economía digital», probablemente ya no utilizaría su famoso ejemplo de la fábrica de agujas para alumbrar aspectos claves. Sospechamos que le sería más instructivo explorar algunas plataformas digitales, en las que, por cierto, podría vender a sus pares, directamente, su nuevo libro (perdón, ebook), que aventuramos que se podría titular algo así como «La riqueza (digital) de los individuos».

Àlex Ruiz

CaixaBank Research

1. Véase Vaughan, R. y Daverio, R. (2016), «Assessing the size and presence of the collaborative economy in Europe», PwC. Estudio encargado por la Comisión Europea para monitorizar el fenómeno de la sharing economy.

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