• Avanzando hacia la sostenibilidad del sector agroalimentario

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    El cambio climático y la lucha para prevenirlo suponen enormes desafíos para la producción agroalimentaria en España. A su vez, la mejora de la sostenibilidad y la resiliencia del sector será muy importante para la consecución de los objetivos medioambientales fijados en el Pacto Verde Europeo. Los indicadores agroambientales muestran que, pese a algunos avances en los últimos años, el sector se enfrenta a importantes retos, como reducir el uso de plaguicidas químicos, fertilizantes y antimicrobianos en la agricultura, así como mejorar la salud y el bienestar de los animales, aumentar la eficiencia en el uso de la energía y los recursos hídricos, promover un consumo de alimentos más sostenible y saludable, y reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos, promoviendo una economía circular. La nueva PAC, con los ecoesquemas como medida estrella, y los fondos Next Generation EU apoyarán la transición verde y digital del sector. 

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    La amenaza del cambio climático y la transición hacia un sistema alimentario sostenible

    La agricultura en España, que tradicionalmente se ha beneficiado de una situación geográfica y una climatología privilegiadas, es especialmente vulnerable al cambio climático. El aumento de la erosión de los suelos, las inundaciones, las sequías y los incendios forestales, junto con el incremento de plagas y enfermedades, son algunos de sus efectos directos. A su vez, la actividad del sector primario también contribuye al cambio climático: la especialización y la intensificación de los cultivos, el uso de insumos químicos y la industrialización de la producción ganadera tienen efectos negativos en el agua, el suelo, el aire, la biodiversidad y la conservación de los hábitats.

    La agricultura contribuye al cambio climático y, a su vez, sufre directamente sus consecuencias,

    por lo que debe avanzar hacia un nuevo modelo que proteja los recursos naturales de los que depende.

    Los países de la UE son cada vez más conscientes de que no solo es preciso mitigar el cambio climático, sino también adaptarse a él. Así, ante la creciente preocupación por el medio ambiente, el sector agroalimentario debe avanzar en la transición de un sistema emisor de gases de efecto invernadero (GEI) y altamente demandante y contaminante de recursos naturales, hacia un nuevo modelo, cada vez más extendido, que proporciona alimentos sanos y nutritivos de manera sostenible, protegiendo los recursos naturales de los que la propia actividad agraria depende.

    Además de mejorar la sostenibilidad de la producción agroalimentaria y su distribución posterior, otra importante palanca de cambio es fomentar pautas de consumo más saludables y más sostenibles desde el punto de vista medioambiental. Por ejemplo, una dieta con un mayor peso de los vegetales, los alimentos orgánicos, de temporada y proximidad. Asimismo, la reducción de la pérdida y el desperdicio de alimentos, y el fomento de la economía circular, también son elementos claves para avanzar hacia un sistema alimentario sostenible, tal y como recoge la estrategia «De la Granja a la Mesa» de la Comisión Europea.

    Estrategia “De la Granja a la Mesa” (Farm to Fork)

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    Fuente: Comisión Europea.
    Del Pacto Verde Europeo a los Planes Estratégicos de la PAC

    Para apoyar la transición hacia un sistema alimentario sostenible, la UE está desplegando un amplio abanico de herramientas para dotar a los agentes del sector de mecanismos e incentivos que apoyen dicha transición y, a su vez, ayuden a la consecución de los objetivos fijados en el Pacto Verde Europeo. En este contexto, la reforma de la política agrícola común (PAC), que entrará en vigor en enero de 2023, incluye como principal novedad la redacción de Planes Estratégicos nacionales para establecer prioridades en materia de ayudas e incentivos a los diversos subsectores productivos.6La medida estrella son los ecoesquemas, de adhesión voluntaria y que premiarán las prácticas sostenibles. El Ministerio de Agricultura ha propuesto dos ecoesquemas, con una dotación de 1.107,49 millones de euros, y que agrupan las prácticas sostenibles en dos ejes: la agroecología y la agricultura de carbono. En el primer grupo se encuentran encuadradas actividades como el manejo de pastos mediante siega sostenible, la rotación de cultivos o el mantenimiento de superficies no productivas y otros elementos relacionados con la biodiversidad. En el segundo grupo se incluyen el pastoreo extensivo, la agricultura de conservación y el mantenimiento de cubiertas vegetales vivas o inertes. 

    • 6. El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación debe presentar el Plan Estratégico a la Comisión Europea antes del 30 de diciembre de 2021.
    La nueva PAC, con los ecoesquemas como medida estrella,

    junto con los fondos Next Generation EU, apoyará la transición verde y digital del sector.

    Además de la PAC, los fondos europeos NGEU también contribuirán a la financiacion de la transicion verde y digital del sector primario. En particular, el componente 3 del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, dedicado a la transformación ambiental y digital del sistema agroalimentario y pesquero, contempla una inversión de 1.502,8 millones de euros. El plan se basa en cuatro pilares fundamentales: (i) la mejora de la eficiencia en regadíos, (ii) el impulso de la sostenibilidad y competitividad de la agricultura y la ganadería, (iii) una estrategia de digitalización del sector agroalimentario y del medio rural, y (iv) la modernización del sector pesquero, a través del impulso de la sostenibilidad, la investigación, la innovación y la digitalización.

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    Indicadores medioambientales del sector primario

    La Comisión Europea ha analizado la situación de los distintos Estados miembros en relación con su contribución a cada uno de los objetivos del Pacto Verde Europeo. La tabla de la siguiente página recoge estos objetivos y los valores de referencia de estos indicadores para los principales países.7 

    Para convertir a Europa en el primer continente climáticamente neutro de aquí a 2050, el primer hito se ha marcado para 2030: reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en al menos un 55% respecto al nivel de 1990. Si bien desde 1990 las emisiones de GEI de la agricultura de la UE se han reducido un significativo 20%, desde 2005 no se ha avanzado en su disminución. En España, el comportamiento ha sido el inverso: desde 1990 las emisiones han aumentado (6,5%), y a partir de 2005 se ha producido una modesta reducción (–3,7%).

    • 7. «Recomendaciones a los Estados miembros en lo que respecta a sus planes estratégicos para la política agrícola común», Comisión Europea, diciembre de 2020.
    En términos relativos, las emisiones de GEI del sector agrario español

    son inferiores al promedio de la UE, que se ha marcado el objetivo de reducirlas el 55% respecto a 1990 en 2030.

    A pesar de esta evolución, es importante destacar que, en términos relativos, el sector es responsable de un 12,0% del total de emisiones de GEI de la economía frente al 12,7% del promedio de la UE.  Además, si tenemos en cuenta que el sector primario aporta el 2,9% del PIB frente al 1,6% de la UE, obtenemos que las emisiones de GEI del sector agroalimentario español por cada unidad de VAB son significativamente inferiores a las de la media europea (1,2 kg/€ frente 1,7 kg/€ en la UE).8 De forma similar, las emisiones de la agricultura por unidad de tierra agrícola (toneladas equivalentes de CO2 por hectárea) son inferiores en España (1,6 frente a 2,5 en la UE).

    El segundo hito de la UE se recoge en la estrategia «De la Granja a la Mesa», que establece un objetivo de reducción del uso y el riesgo de los plaguicidas químicos en un 50% de aquí a 2030. En los últimos años, España ha reducido significativamente el uso de este tipo de químicos y el reto es seguir avanzando en esta dirección. Por otra parte, el objetivo en materia de resistencia a los antimicrobianos consiste en la reducción del 50% de la venta general de antimicrobianos para animales de granja y de acuicultura de aquí a 2030, comparado con el valor de referencia de la UE en 2018. En este aspecto, España se encuentra rezagada respecto al promedio de la UE. 

    En cambio, España destaca en positivo tanto en la proporción de superficie agrícola dedicada a la agricultura ecológica, un aspecto que tratamos con más detalle en la siguiente sección, como en la proporción de superficie agraria ocupada por elementos paisajísticos de gran diversidad. En este caso, España, con un 13,2% de la superficie, ya supera el objetivo fijado del 10%.9

    • 8. Dato del Common Monitoring and Evaluation Framewok para la PAC 2014-2020 de la Comisión Europea, https://agridata.ec.europa.eu/extensions/DataPortal/cmef_indicators.html
    • 9. Estrategia de la UE sobre biodiversidad para 2030.

    Objetivos del Pacto Verde Europeo y valores de referencia

    Objetivos del Pacto Verde Europeo y valores de referencia
    Notas: GEI denota gases de efecto invernadero. SAU denota superficie agrícola utilizada. Fuente: CaixaBank Research, a partir de la Comision Europea COM (2020) 846.
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    La contaminación por nitratos procedentes de la agricultura sigue siendo una de las mayores presiones sobre el medio acuático. En este sentido, la UE se ha marcado un objetivo de reducción del 50% de las pérdidas de nutrientes para 2030 con el fin de garantizar que no se deteriore la fertilidad del suelo, un ámbito en el que España tiene mucho recorrido de mejora. Asimismo, un número cada vez mayor de países de la UE se ven afectados por la escasez de agua, a menudo provocada por una excesiva captación de agua para la agricultura y la ganadería. El cambio climático agravará todavía más el problema de la disponibilidad de agua en muchas regiones, entre ellas España. 

    Finalmente, la nueva PAC establece la digitalización como una prioridad transversal, al concebir que la transición hacia un sistema alimentario sostenible se debe apoyar en el conocimiento, la innovación y la digitalización. En este sentido, un elemento clave para el desarrollo de los territorios rurales y para luchar contra la despoblación rural es la disponibilidad de una conexión a internet rápida y fiable en estas zonas. Si bien se ha producido un notable incremento en la proporción de hogares en zonas rurales con acceso de banda ancha de nueva generación, todavía se observa una importante brecha respecto a las zonas urbanas. La meta es dar cobertura al 100% de la población en 2025.10

    • 10. Este objetivo se recoge en la Agenda España Digital 2025.
    El 58,7% de los hogares españoles en zonas rurales

    tenían acceso a internet de banda ancha rápida en 2019. La meta es dar cobertura al 100% de la población en 2025.

    La transición verde y digital de la agricultura europea también está generando nuevas oportunidades de negocio que el sector debe aprovechar, por ejemplo, mediante un mejor ajuste entre la producción y la evolución de los gustos del consumidor. La sostenibilidad será una ventaja competitiva para empresas y explotaciones que alcancen el equilibrio entre crecimiento económico, cuidado del medio ambiente y bienestar social: quienes no cumplan con los estándares medioambientales serán penalizados por unos consumidores cada vez más exigentes y concienciados con el medio ambiente y que se identifican con las marcas y productos más sostenibles.

    Una apuesta decidida para impulsar la producción ecológica

    La apuesta por esquemas de producción más sostenibles, como la agricultura ecológica,11  es imparable. España, con más de 2,44 millones de hectáreas destinadas a estos cultivos en 2020, es el primer país de la UE y el tercero del mundo, tras Australia y Argentina. En términos de la proporción de la superficie agraria útil (SAU) estamos por encima de la media de la UE, tal y como se ha señalado en la sección anterior, pero muy por debajo de países punteros, como Austria, Estonia y Suecia, que superan el 20%. Para alcanzar el objetivo del 25% marcado en el Plan de Acción sobre Agricultura Ecológica harían falta cuatro millones de hectáreas adicionales.

    • 11. La producción ecológica es un sistema de gestión y producción agroalimentaria que combina las mejores prácticas ambientales, un elevado nivel de biodiversidad y de preservación de los recursos naturales y la aplicación de exigentes normas sobre bienestar animal, de modo que los productos se obtienen a partir de sustancias y procesos naturales (MAPA).

    Proporción de superficie agrícola utilizada dedicada a la agricultura ecológica

    Última actualización: 28 septiembre 2021 - 14:35

    Respecto a los operadores ecológicos,12 casi 9 de cada 10 de un total de 50.047 en 2020 son productores primarios y el resto, establecimientos industriales y comercializadores. Sin embargo, el número de operadores está creciendo con mucha mayor intensidad (más del doble) en las fases posteriores de la cadena alimentaria.

    • 12. El operador ecológico puede ser una persona física o jurídica, debe cumplir determinados requisitos para poder producir, transformar, elaborar o envasar alimentos de origen agrario con el fin de comercializarlos utilizando los términos ecológico, biológico u orgánico. Existe un Registro General de Operadores Ecológicos (REGOE) que recoge la información suministrada por las comunidades autónomas.
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    Por regiones, destaca Andalucía, tanto en superficie dedicada a la agricultura ecológica, con más del 45% del total, como en explotaciones ganaderas ecológicas, con cerca del 60%. Por tipos de cultivo, sobresalen los cereales para la producción de grano (43% del total) y, por tipo de ganado, los bóvidos (48%). En comparativa internacional, el sector agroalimentario español es el primer productor mundial ecológico de aceite de oliva y vino y el segundo de cítricos y legumbres.

    Uno de los retos a los que se enfrenta la producción ecológica en nuestro país es el bajo consumo interno: el consumo per cápita de estos productos en 2019 se situó en 50,2 euros, muy lejos del de países como Dinamarca o Suiza, que superan los 300. Así pues, la mayor parte de la producción, en torno al 60%, se exporta.13 El cambio de hábitos que ha introducido la pandemia ha favorecido un consumo más saludable, sostenible y de cercanía, por lo que la tendencia del consumo interno de este tipo de productos es claramente al alza.

    • 13. Sociedad Española de Agricultura Ecológica (SEAE), MAPA (2021), «Análisis de la caracterización y proyección de la producción ecológica española en 2019» y Ecovalia (2021), «Informe anual de la producción ecológica en España».
    La agricultura ecológica en España, al alza

    Superficie dedicada a la agricultura ecológica

    Última actualización: 28 septiembre 2021 - 14:40

    Operadores ecológicos de la actividad primaria (productores)

    Última actualización: 28 septiembre 2021 - 14:41

    Operadores ecológicos de la actividad secundaria (elaboradores y transformadores)

    Última actualización: 28 septiembre 2021 - 14:41
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El nuevo mix energético en la península ibérica: el combate contra el calentamiento global

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Vânia Duarte
12 de abril de 2019
Tierra cuarteada por la sequía

El observatorio de Mauna Loa de Hawái registró en enero de 2019 el nivel más elevado de concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, 411 partes por millón (ppm), frente a las 290 ppm de 1880. Además, en 2018, la temperatura de la superficie del planeta excedió en 0,8 oC la temperatura media entre 1951 y 1980.1 Los especialistas subrayan los efectos adversos que las emisiones de gases de efecto invernadero, provocadas principalmente por la actividad humana, ocasionan en nuestro planeta y la urgencia con la que se deben tomar medidas, concretamente mediante el cambio de las fuentes de energía en las que basamos nuestro consumo. En este contexto, ¿cuál es la posición de la península ibérica y qué esperamos en el futuro?

Contexto energético actual en la península ibérica

Actualmente, la producción primaria de energía2 en España y Portugal se basa, prácticamente, en energías renovables y destacan en ambos casos los biocombustibles sólidos seguidos de la energía eólica. Asimismo, la producción primaria de energía en ambos países es sustancialmente inferior al consumo primario de energía3 (ratio del 27,2% en España y del 22,9% en Portugal en 2017, en comparación con la media de la UE, del 48,6%). Aunque la ratio se mantiene en niveles muy inferiores a la media de la UE, las dos economías han experimentado una mejora en los últimos 10 años, debido al aumento de la producción primaria de energía y a la caída del consumo primario en este periodo, una se­­ñal de que avanzamos hacia un modelo más sostenible.4

Como las necesidades energéticas superan tanto en España como en Portugal lo que cada uno de estos países puede producir, ambos importan gran parte de la energía que consumen, destacando, en los dos casos, el petróleo y sus derivados, con un peso superior al 65% del total de las importaciones de energía. Le siguen, en menor medida, el gas natural y el
carbón.

A su vez, el consumo final de energía5 en España y Portugal está liderado por los productos petrolíferos, con un peso en torno al 50% (40% en la UE), tal y como se puede observar en los gráficos, lo que puede explicarse por el peso de la industria y de los transportes en el consumo final de energía (en conjunto, representan más de un 65% del consumo final total).6 La electricidad ostenta la segunda posición en el mix de los dos países, con un peso superior al 20%, aunque las fuentes de energía usadas en la producción doméstica de electricidad presentan diferencias entre los dos países.7 La tercera posición en España corresponde al gas natural, con un peso del 17% (10% en el caso de Portugal). En Portugal, en cambio, la tercera fuente de energía son las renovables (13% del consumo final de energía, 7% en España).

¿Qué esperar en la próxima década?

La preocupación respecto a las cuestiones ambientales marcará los próximos 10 años. De hecho, tal y como se explica en el artícu­­lo «La financiación que piensa en verde» en este mismo Dossier, el Acuerdo de París, firmado en 2015, pretende limitar el aumento medio de la temperatura mundial a 2 oC respecto a los niveles preindustriales y acelerar los esfuerzos para limitar el aumento a 1,5 oC. En este sentido, la UE asumió el compromiso de reducir los gases de efecto invernadero en un 40% hasta el año 2030, frente a los niveles de 1990. En este contexto, España deberá adoptar el compromiso de una reducción mínima del 20% y Portugal de entre el 20% y el 35%, respecto a los niveles de 1990. Para conseguirlo, habrá que reducir los gases de efecto invernadero originados por el sector energético, el cual es responsable, en gran parte, de su emisión a la atmósfera. A su vez, esta transformación, si se lleva a buen puerto, será relevante para las economías ibéricas desde el punto de vista de la dependencia energética.8 De hecho, en 2016, el nivel de de­­pendencia energética era del 71,9% en España y del 73,5% en Portugal (media de la UE, 53,6%).9

Ambos países prevén que en 2050 las emisiones netas de gases de efecto invernadero se hayan reducido a 0 y, en este sentido, sendos planes nacionales de energía anticipan que el petróleo y los productos petrolíferos disminuirán su peso en el mix energético de forma significativa hasta 2030 (–11,0 p. p. en España y Portugal, respecto a 2016), tras las reducciones relativamente modestas observadas en la última década (–4,0 p. p. en España y –3,0 p. p. en Portugal). No obstante, se espera que los productos petrolíferos sigan liderando el mix energético en los dos países y que representen el 40% y el 39% del consumo energético final en España y Portugal, respectivamente. Este liderazgo se explicará por el peso del sector de transportes, muy dependiente de los productos petrolíferos, por lo que, si se pretende reducir en mayor medida el peso del petróleo, las autoridades deberán fomentar la sustitución de los combustibles fósiles por la electricidad, los biocombustibles o el hidrógeno.

Al mismo tiempo, se producirá un aumento relativamente moderado del peso de la electricidad en el mix energético (2,0 p. p. en España y 5,0 p. p. en Portugal, respecto a 2016) hasta 2030 y esta tendencia incentivará, a su vez, un mayor uso de los recursos renovables. De hecho, ambos países apuntan a objetivos claros en este punto: Portugal pretende que el 80% de la producción eléctrica proceda de fuentes renovables (energía solar, eólica e hidroeléctrica, principalmente) en 2030, mientras que España se plantea alcanzar una proporción del 74% (eólica, solar e hidroeléctrica).10 La electrificación del mix energético deberá ser transversal a los distintos sectores, y, en el caso de la industria, el cambio podrá ser más lento que en otros sectores, considerando la complejidad que supone la transformación de modelos de negocio e innovación de los procesos productivos.

La tercera fuente principal de energía en el consumo final se espera que siga siendo distinta en los dos países: en España, las proyecciones obtenidas a partir del plan de energía y otros estudios económicos apuntan a que el gas natural seguirá ocupando la tercera plaza con un peso del 20% en 2030, seguido de las energías renovables (9%). En cambio, en Portugal, se espera que las fuentes renovables mantengan el tercer puesto en el mix energético con un peso del 18%. Esto no responde tanto a un aumento muy significativo de estas energías de aquí a 2030 como al peso que ya tienen actualmente las renovables en el consumo final de energía en Portugal (13% en 2016, frente al 7% de España y a la media de la UE) y en la inversión sustancial que el país ha hecho en estos recursos en los últimos años.

El cambio del mix energético, más orientado hacia fuentes de energía limpias, tendrá efectos positivos no solo para el medio ambiente, sino también para la salud pública y la economía. Así, este cambio permitirá reducir la dependencia energética de las economías ibéricas respecto al petróleo y los productos petrolíferos, lo que reducirá la factura energética gracias a una reducción de las importaciones y, consecuentemente, contribuirá a la mejora de la balanza comercial.11 A su vez, la inversión en fuentes renovables de energía contribuirá al crecimiento económico y a la creación de empleo. Sin embargo, permanece la duda sobre cuál será el impacto de este mix energético más sostenible en el coste de la energía para el consumidor final. En gran medida, ello dependerá de si el progreso tecnológico es capaz de seguir reduciendo, como ha sucedido en los últimos años, el coste de producción de la energía renovable.

Vânia Duarte

 

1. Según datos de la NASA.

2. La producción primaria de energía es la extracción de productos energéticos para su utilización a partir de fuentes naturales.

3. El consumo primario de energía incluye el consumo del sector energético, las pérdidas durante la transformación y la distribución de la energía, y el consumo de los usuarios finales.

4. En 2008, la proporción era del 19,0% para Portugal y el 22,5% para España. Una de las razones de la disminución del consumo es la crisis financiera en este periodo.

5. El consumo final de energía incluye la energía total consumida por los usuarios finales, como familias, industria, servicios y transportes.

6. El restante 30% corresponde a las actividades domésticas (por ejemplo, calefacción), sector servicios y agricultura, entre otros.

7. En España, el gas natural, las renovables y la nuclear representan el 77% de la producción interna de la electricidad. En Portugal, el gas natural, las energías renovables y el carbón representan el 97% de la producción eléctrica.

8. Destaca, en ambos casos, la elevada dependencia en los productos de petróleo y el petróleo importados, con una relación de dependencia (medida por la ratio de las importaciones líquidas de petróleo y sus derivados respecto a la suma del consumo interno bruto y el petróleo usado en sus vehículos marítimos ) del 96,9% y el 99,2% para España y Portugal, respectivamente, en 2016.

9. Para un análisis en profundidad, véase el artículo «La geopolítica de la energía» en este mismo Dossier.

10. Actualmente, las renovables tienen un peso del 33% y el 41% en España y Portugal, respectivamente.

11. Teniendo en cuenta el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030 para España y Portugal, el objetivo es una reducción en las tasas de dependencia a un 59% y 65%, respectivamente.

Vânia Duarte
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