• Avanzando hacia la sostenibilidad del sector agroalimentario

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    El cambio climático y la lucha para prevenirlo suponen enormes desafíos para la producción agroalimentaria en España. A su vez, la mejora de la sostenibilidad y la resiliencia del sector será muy importante para la consecución de los objetivos medioambientales fijados en el Pacto Verde Europeo. Los indicadores agroambientales muestran que, pese a algunos avances en los últimos años, el sector se enfrenta a importantes retos, como reducir el uso de plaguicidas químicos, fertilizantes y antimicrobianos en la agricultura, así como mejorar la salud y el bienestar de los animales, aumentar la eficiencia en el uso de la energía y los recursos hídricos, promover un consumo de alimentos más sostenible y saludable, y reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos, promoviendo una economía circular. La nueva PAC, con los ecoesquemas como medida estrella, y los fondos Next Generation EU apoyarán la transición verde y digital del sector. 

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    La amenaza del cambio climático y la transición hacia un sistema alimentario sostenible

    La agricultura en España, que tradicionalmente se ha beneficiado de una situación geográfica y una climatología privilegiadas, es especialmente vulnerable al cambio climático. El aumento de la erosión de los suelos, las inundaciones, las sequías y los incendios forestales, junto con el incremento de plagas y enfermedades, son algunos de sus efectos directos. A su vez, la actividad del sector primario también contribuye al cambio climático: la especialización y la intensificación de los cultivos, el uso de insumos químicos y la industrialización de la producción ganadera tienen efectos negativos en el agua, el suelo, el aire, la biodiversidad y la conservación de los hábitats.

    La agricultura contribuye al cambio climático y, a su vez, sufre directamente sus consecuencias,

    por lo que debe avanzar hacia un nuevo modelo que proteja los recursos naturales de los que depende.

    Los países de la UE son cada vez más conscientes de que no solo es preciso mitigar el cambio climático, sino también adaptarse a él. Así, ante la creciente preocupación por el medio ambiente, el sector agroalimentario debe avanzar en la transición de un sistema emisor de gases de efecto invernadero (GEI) y altamente demandante y contaminante de recursos naturales, hacia un nuevo modelo, cada vez más extendido, que proporciona alimentos sanos y nutritivos de manera sostenible, protegiendo los recursos naturales de los que la propia actividad agraria depende.

    Además de mejorar la sostenibilidad de la producción agroalimentaria y su distribución posterior, otra importante palanca de cambio es fomentar pautas de consumo más saludables y más sostenibles desde el punto de vista medioambiental. Por ejemplo, una dieta con un mayor peso de los vegetales, los alimentos orgánicos, de temporada y proximidad. Asimismo, la reducción de la pérdida y el desperdicio de alimentos, y el fomento de la economía circular, también son elementos claves para avanzar hacia un sistema alimentario sostenible, tal y como recoge la estrategia «De la Granja a la Mesa» de la Comisión Europea.

    Estrategia “De la Granja a la Mesa” (Farm to Fork)

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    Fuente: Comisión Europea.
    Del Pacto Verde Europeo a los Planes Estratégicos de la PAC

    Para apoyar la transición hacia un sistema alimentario sostenible, la UE está desplegando un amplio abanico de herramientas para dotar a los agentes del sector de mecanismos e incentivos que apoyen dicha transición y, a su vez, ayuden a la consecución de los objetivos fijados en el Pacto Verde Europeo. En este contexto, la reforma de la política agrícola común (PAC), que entrará en vigor en enero de 2023, incluye como principal novedad la redacción de Planes Estratégicos nacionales para establecer prioridades en materia de ayudas e incentivos a los diversos subsectores productivos.6La medida estrella son los ecoesquemas, de adhesión voluntaria y que premiarán las prácticas sostenibles. El Ministerio de Agricultura ha propuesto dos ecoesquemas, con una dotación de 1.107,49 millones de euros, y que agrupan las prácticas sostenibles en dos ejes: la agroecología y la agricultura de carbono. En el primer grupo se encuentran encuadradas actividades como el manejo de pastos mediante siega sostenible, la rotación de cultivos o el mantenimiento de superficies no productivas y otros elementos relacionados con la biodiversidad. En el segundo grupo se incluyen el pastoreo extensivo, la agricultura de conservación y el mantenimiento de cubiertas vegetales vivas o inertes. 

    • 6. El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación debe presentar el Plan Estratégico a la Comisión Europea antes del 30 de diciembre de 2021.
    La nueva PAC, con los ecoesquemas como medida estrella,

    junto con los fondos Next Generation EU, apoyará la transición verde y digital del sector.

    Además de la PAC, los fondos europeos NGEU también contribuirán a la financiacion de la transicion verde y digital del sector primario. En particular, el componente 3 del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, dedicado a la transformación ambiental y digital del sistema agroalimentario y pesquero, contempla una inversión de 1.502,8 millones de euros. El plan se basa en cuatro pilares fundamentales: (i) la mejora de la eficiencia en regadíos, (ii) el impulso de la sostenibilidad y competitividad de la agricultura y la ganadería, (iii) una estrategia de digitalización del sector agroalimentario y del medio rural, y (iv) la modernización del sector pesquero, a través del impulso de la sostenibilidad, la investigación, la innovación y la digitalización.

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    Indicadores medioambientales del sector primario

    La Comisión Europea ha analizado la situación de los distintos Estados miembros en relación con su contribución a cada uno de los objetivos del Pacto Verde Europeo. La tabla de la siguiente página recoge estos objetivos y los valores de referencia de estos indicadores para los principales países.7 

    Para convertir a Europa en el primer continente climáticamente neutro de aquí a 2050, el primer hito se ha marcado para 2030: reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en al menos un 55% respecto al nivel de 1990. Si bien desde 1990 las emisiones de GEI de la agricultura de la UE se han reducido un significativo 20%, desde 2005 no se ha avanzado en su disminución. En España, el comportamiento ha sido el inverso: desde 1990 las emisiones han aumentado (6,5%), y a partir de 2005 se ha producido una modesta reducción (–3,7%).

    • 7. «Recomendaciones a los Estados miembros en lo que respecta a sus planes estratégicos para la política agrícola común», Comisión Europea, diciembre de 2020.
    En términos relativos, las emisiones de GEI del sector agrario español

    son inferiores al promedio de la UE, que se ha marcado el objetivo de reducirlas el 55% respecto a 1990 en 2030.

    A pesar de esta evolución, es importante destacar que, en términos relativos, el sector es responsable de un 12,0% del total de emisiones de GEI de la economía frente al 12,7% del promedio de la UE.  Además, si tenemos en cuenta que el sector primario aporta el 2,9% del PIB frente al 1,6% de la UE, obtenemos que las emisiones de GEI del sector agroalimentario español por cada unidad de VAB son significativamente inferiores a las de la media europea (1,2 kg/€ frente 1,7 kg/€ en la UE).8 De forma similar, las emisiones de la agricultura por unidad de tierra agrícola (toneladas equivalentes de CO2 por hectárea) son inferiores en España (1,6 frente a 2,5 en la UE).

    El segundo hito de la UE se recoge en la estrategia «De la Granja a la Mesa», que establece un objetivo de reducción del uso y el riesgo de los plaguicidas químicos en un 50% de aquí a 2030. En los últimos años, España ha reducido significativamente el uso de este tipo de químicos y el reto es seguir avanzando en esta dirección. Por otra parte, el objetivo en materia de resistencia a los antimicrobianos consiste en la reducción del 50% de la venta general de antimicrobianos para animales de granja y de acuicultura de aquí a 2030, comparado con el valor de referencia de la UE en 2018. En este aspecto, España se encuentra rezagada respecto al promedio de la UE. 

    En cambio, España destaca en positivo tanto en la proporción de superficie agrícola dedicada a la agricultura ecológica, un aspecto que tratamos con más detalle en la siguiente sección, como en la proporción de superficie agraria ocupada por elementos paisajísticos de gran diversidad. En este caso, España, con un 13,2% de la superficie, ya supera el objetivo fijado del 10%.9

    • 8. Dato del Common Monitoring and Evaluation Framewok para la PAC 2014-2020 de la Comisión Europea, https://agridata.ec.europa.eu/extensions/DataPortal/cmef_indicators.html
    • 9. Estrategia de la UE sobre biodiversidad para 2030.

    Objetivos del Pacto Verde Europeo y valores de referencia

    Objetivos del Pacto Verde Europeo y valores de referencia
    Notas: GEI denota gases de efecto invernadero. SAU denota superficie agrícola utilizada. Fuente: CaixaBank Research, a partir de la Comision Europea COM (2020) 846.
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    La contaminación por nitratos procedentes de la agricultura sigue siendo una de las mayores presiones sobre el medio acuático. En este sentido, la UE se ha marcado un objetivo de reducción del 50% de las pérdidas de nutrientes para 2030 con el fin de garantizar que no se deteriore la fertilidad del suelo, un ámbito en el que España tiene mucho recorrido de mejora. Asimismo, un número cada vez mayor de países de la UE se ven afectados por la escasez de agua, a menudo provocada por una excesiva captación de agua para la agricultura y la ganadería. El cambio climático agravará todavía más el problema de la disponibilidad de agua en muchas regiones, entre ellas España. 

    Finalmente, la nueva PAC establece la digitalización como una prioridad transversal, al concebir que la transición hacia un sistema alimentario sostenible se debe apoyar en el conocimiento, la innovación y la digitalización. En este sentido, un elemento clave para el desarrollo de los territorios rurales y para luchar contra la despoblación rural es la disponibilidad de una conexión a internet rápida y fiable en estas zonas. Si bien se ha producido un notable incremento en la proporción de hogares en zonas rurales con acceso de banda ancha de nueva generación, todavía se observa una importante brecha respecto a las zonas urbanas. La meta es dar cobertura al 100% de la población en 2025.10

    • 10. Este objetivo se recoge en la Agenda España Digital 2025.
    El 58,7% de los hogares españoles en zonas rurales

    tenían acceso a internet de banda ancha rápida en 2019. La meta es dar cobertura al 100% de la población en 2025.

    La transición verde y digital de la agricultura europea también está generando nuevas oportunidades de negocio que el sector debe aprovechar, por ejemplo, mediante un mejor ajuste entre la producción y la evolución de los gustos del consumidor. La sostenibilidad será una ventaja competitiva para empresas y explotaciones que alcancen el equilibrio entre crecimiento económico, cuidado del medio ambiente y bienestar social: quienes no cumplan con los estándares medioambientales serán penalizados por unos consumidores cada vez más exigentes y concienciados con el medio ambiente y que se identifican con las marcas y productos más sostenibles.

    Una apuesta decidida para impulsar la producción ecológica

    La apuesta por esquemas de producción más sostenibles, como la agricultura ecológica,11  es imparable. España, con más de 2,44 millones de hectáreas destinadas a estos cultivos en 2020, es el primer país de la UE y el tercero del mundo, tras Australia y Argentina. En términos de la proporción de la superficie agraria útil (SAU) estamos por encima de la media de la UE, tal y como se ha señalado en la sección anterior, pero muy por debajo de países punteros, como Austria, Estonia y Suecia, que superan el 20%. Para alcanzar el objetivo del 25% marcado en el Plan de Acción sobre Agricultura Ecológica harían falta cuatro millones de hectáreas adicionales.

    • 11. La producción ecológica es un sistema de gestión y producción agroalimentaria que combina las mejores prácticas ambientales, un elevado nivel de biodiversidad y de preservación de los recursos naturales y la aplicación de exigentes normas sobre bienestar animal, de modo que los productos se obtienen a partir de sustancias y procesos naturales (MAPA).

    Proporción de superficie agrícola utilizada dedicada a la agricultura ecológica

    Última actualización: 28 septiembre 2021 - 14:35

    Respecto a los operadores ecológicos,12 casi 9 de cada 10 de un total de 50.047 en 2020 son productores primarios y el resto, establecimientos industriales y comercializadores. Sin embargo, el número de operadores está creciendo con mucha mayor intensidad (más del doble) en las fases posteriores de la cadena alimentaria.

    • 12. El operador ecológico puede ser una persona física o jurídica, debe cumplir determinados requisitos para poder producir, transformar, elaborar o envasar alimentos de origen agrario con el fin de comercializarlos utilizando los términos ecológico, biológico u orgánico. Existe un Registro General de Operadores Ecológicos (REGOE) que recoge la información suministrada por las comunidades autónomas.
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    Por regiones, destaca Andalucía, tanto en superficie dedicada a la agricultura ecológica, con más del 45% del total, como en explotaciones ganaderas ecológicas, con cerca del 60%. Por tipos de cultivo, sobresalen los cereales para la producción de grano (43% del total) y, por tipo de ganado, los bóvidos (48%). En comparativa internacional, el sector agroalimentario español es el primer productor mundial ecológico de aceite de oliva y vino y el segundo de cítricos y legumbres.

    Uno de los retos a los que se enfrenta la producción ecológica en nuestro país es el bajo consumo interno: el consumo per cápita de estos productos en 2019 se situó en 50,2 euros, muy lejos del de países como Dinamarca o Suiza, que superan los 300. Así pues, la mayor parte de la producción, en torno al 60%, se exporta.13 El cambio de hábitos que ha introducido la pandemia ha favorecido un consumo más saludable, sostenible y de cercanía, por lo que la tendencia del consumo interno de este tipo de productos es claramente al alza.

    • 13. Sociedad Española de Agricultura Ecológica (SEAE), MAPA (2021), «Análisis de la caracterización y proyección de la producción ecológica española en 2019» y Ecovalia (2021), «Informe anual de la producción ecológica en España».
    La agricultura ecológica en España, al alza

    Superficie dedicada a la agricultura ecológica

    Última actualización: 28 septiembre 2021 - 14:40

    Operadores ecológicos de la actividad primaria (productores)

    Última actualización: 28 septiembre 2021 - 14:41

    Operadores ecológicos de la actividad secundaria (elaboradores y transformadores)

    Última actualización: 28 septiembre 2021 - 14:41
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¿Ayudará la COVID-19 a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero?

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Escalera de caracol con fondo verde

La lucha contra la COVID-19 tiene dos grandes puntos en común con el combate contra el cambio climático. Primero, aunque una pandemia se puede extender en cuestión de semanas y el cambio climático se agrava de forma mucho más gradual, ambos tienen la capacidad de evolucionar exponencialmente: en el primer caso, a través de mecanismos de contagio comunitario y en el segundo, de emisiones contaminantes acumuladas a lo largo del tiempo. Segundo, una vez identificado el fenómeno y tomadas las medidas necesarias para frenarlo, los costes se hacen evidentes de forma inmediata, mientras que los beneficios tardan un tiempo en hacerse visibles.

En un célebre discurso de 2015, el gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, definió el cambio climático como «la tragedia del horizonte»,1 al constatar que, al tratarse de un problema colectivo que sobrepasa los horizontes tradicionales del ciclo económico y político, las generaciones actuales no tienen los incentivos adecuados para combatirlo, incluso pudiendo acceder a toda la información disponible sobre sus efectos devastadores en el futuro. ¿Es posible que la pandemia de la COVID-19, al poner en evidencia los riesgos de la inacción ante fenómenos adversos, ayude a acelerar el combate contra el cambio climático?

De lo que no cabe duda es de que, al mismo tiempo que la COVID-19 está teniendo consecuencias devastadoras para la sa­­lud y la economía a escala mundial, las restricciones a la mo­­vilidad impuestas para frenar la pandemia han reducido las emisiones contaminantes en todo el planeta. En este artículo, analizaremos cuán grande ha sido a corto plazo el im­­pacto de la COVID-19 sobre las emisiones de gases contaminantes y hasta qué punto podemos hablar de un cambio de patrón duradero. Finalmente, presentaremos distintos escenarios futuros de la evolución de las emisiones contaminantes.

  • 1. Véase Carney, M. (2015). «Breaking the Tragedy of the Horizon – climate change and financial stability». Discurso en el Lloyd’s of London.
El efecto inmediato de la COVID-19: una reducción de las emisiones transitoria y poco significativa

La COVID-19 ha obligado a confinar a millones de personas en todo el mundo, y ha provocado el cierre de escuelas, fábricas, comercios, hoteles y aeropuertos, con una disminución drástica de la movilidad de toda la población. Así, no es de extrañar que esta pandemia haya reducido también los niveles de emisión de gases contaminantes.

Aunque no tengamos todavía datos de emisiones de gases con­­taminantes disponibles para el año 2020, sí que se han realizado estudios que estiman la evolución de las emisiones contaminantes por sectores en tiempo real, a partir de datos sobre movilidad y actividad económica.2 El proyecto Carbon Monitor, por ejemplo, nos permite obtener estimaciones de emisiones diarias de dióxido de carbono (que representan el 80% de las emisiones contaminantes) en los sectores de energía, in­­dustria, residencial, transporte terrestre y aéreo, basadas en datos de generación de electricidad, producción, movilidad y consumo de carburantes, entre otros. Tal y como se observa en el primer gráfico, las caídas más drásticas de emisiones se produjeron en las primeras semanas de abril, con un desplome global del 17,0% interanual en la segunda semana. A finales de abril, en un momento en el cual aproximadamente la mitad de la población mundial se vio obligada a confinarse, las emisiones globales acumuladas se habían reducido en un 8% respecto al mismo periodo de 2019. La caída fue considerable, pero se deshizo de forma notable: a finales de septiembre esta caída acumulada ya se había visto limitada hasta el 6% interanual, con la normalización progresiva de la actividad económica y social, y se redujo todavía más, hasta el 5%, a finales de noviembre, a pesar de las nuevas restricciones introducidas tras la expansión de la segunda ola de la pandemia.3 Más allá de esta dinámica observada en las emisiones globales, cabe destacar el impresionante repunte de las emisiones en los sectores de energía e industria, responsables de un 70% de las emisiones totales, con una reducción acumulada del 3% hasta finales de noviembre, en contraste con la caída acumulada del 7% hasta finales de abril.

  • 2. Véase, por ejemplo, Le, T. et al. (2020). «Unexpected air pollution with marked emission reductions during the COVID-19 outbreak in China». Science, 369 (6504), 702-706. Le Quéré, C. et al. (2020). «Temporary reduction in daily global CO2 emissions during the COVID-19 forced confinement». Nature Climate Change, 1-7. Y Liu, Z. et al. (2020). «Near-real-time monitoring of global CO2 emissions reveals the effects of the COVID-19 pandemic». Nature Communications, 11(1), 1-12.
  • 3. En España la caída ha sido mayor, ya que las emisiones totales acumuladas se han visto reducidas en un 15% hasta finales de noviembre, después del punto más bajo (–19%) alcanzado a finales de junio. En la UE las emisiones totales se han reducido un 8% hasta finales de noviembre, casi un 13% en la primera mitad del año.
Emisiones globales de dióxido de carbono en 2020

Así, estamos hablando de una dinámica de reducción transitoria en las emisiones en un contexto excepcionalmente adverso marcado por un coste económico y humano muy elevado.4 Además, conviene aclarar que el efecto de esta reducción temporal será pequeño en relación con el desafío colosal que el cambio climático representa para nuestra sociedad. En efecto, a pesar de que las estimaciones de Carbon Monitor presentadas apuntan a una reducción en las emisiones contaminantes globales de entre el 5% y el 6% en 2020,5 lo que representaría la mayor caída desde la Segunda Guerra Mundial, se estima que la temperatura promedio del planeta se enfriará debido a esta caída en solamente unos 0,01 grados Celsius entre ahora y 2030 en relación con el contrafactual sin la pandemia.6 Por lo tanto, es evidente que solo una recuperación económica con una fuerte impronta verde gracias a medidas ambiciosas de combate frente al cambio climático, combinadas con el desarrollo de nuevas tecnologías de captura y absorción de gases contaminantes, puede garantizar que el planeta esté en disposición de cumplir los objetivos definidos en el Acuerdo de París y limitar el calentamiento global a 2 ºC por encima de los niveles preindustriales.

  • 4. Se prevé que el PIB mundial se contraiga cerca de un 4% en 2020, según las previsiones de CaixaBank Research. Además, en el momento en que se está redactando este Dossier, más de 1,7 millones de personas ya han sucumbido a la COVID-19.
  • 5. Hay, en efecto, un rango más amplio para la caída anual de las emisiones en 2020, según otros datos y métodos de estimaciones distintos al Carbon Monitor. El 5% parece reunir consenso como valor mínimo del intervalo, pero hay estimaciones que apuntan a una caída anual que puede llegar al 7%-8% (International Energy Agency, 2020, «Global Energy Review» y United Nations Environment Programme, 2020, «Emissions Gap Report 2020»).
  • 6. Véase Forster, P. et al. (2020). «Current and future global climate impacts resulting from COVID-19». Nature Climate Change, 10(10), 913-919.
Proyecciones de emisiones de dióxido de carbono en la UE: empieza la cuenta atrás hasta 2050
De la COVID-19 a la evolución de las emisiones a largo plazo: el navío tiene que cambiar de rumbo

La magnitud del cambio estructural necesario en nuestro modelo productivo para afrontar el calentamiento global durante las próximas décadas es evidente. Para alcanzar lo pactado en el Acuerdo de París, la UE ha definido de manera muy clara los distintos frentes de combate para recortar las emisiones de gases contaminantes entre el 80% y el 100% en 2050 respecto a 1990.

¿Cómo llegar al punto de destino? Teniendo en cuenta los datos pre-COVID de emisiones, las estimaciones de caída de emisiones en el 2020 (en torno al –9% en la UE según las estimaciones del Carbon Monitor) y los objetivos de reducción de emisiones de gases contaminantes hasta 2050, formulamos distintos escenarios para la evolución de las emisiones de dióxido de carbono en la UE en las próximas décadas. En el primer escenario, los países mantendrían desde 2021 la tendencia observada entre 2008 y 2018, con un promedio de caídas del 1,6% al año en el conjunto de la UE. En este caso, en 2050 la UE habría reducido emisiones en poco más del 40% respecto a 2018, muy por debajo de los objetivos anunciados recientemente de un recorte del 55% de emisiones hasta 2030 y cero emisiones netas en 2050.7 Triplicando los esfuerzos y llegando a un escenario en el que las emisiones se reduzcan un 4,5% al año, la UE lograría una reducción del 80% entre 2050 y 2055, con reducciones del 40% ya a partir de mediados de la década de 2030.8 Se trataría de un ritmo sostenido de disminución de emisiones bastante notable que se aproximaría a mantener una reducción anual equivalente a la mitad de la que hemos observado en 2020 en la UE. Para ilustrarlo de forma pedagógica, sería una reducción similar a la que se conseguiría con un periodo de confinamiento de dos meses seguido de una vuelta gradual a la normalidad en el espacio de seis semanas (Le Quéré et al., 2020).

Por otro lado, si la recuperación pospandemia aplazara los esfuerzos europeos de reducción de emisiones o si las inversiones en el marco NGEU no tuvieran los efectos esperados, el escenario sería distinto. Así, manteniendo la tendencia actual hasta 2030, serían necesarias entre 2030 y 2050 caídas de emisiones anuales equivalentes a las observadas a nivel global este año (entre un 5% y un 6%) para alcanzar una reducción de emisiones del 80% alrededor de 2050.

Finalmente, aplazar la acción climática hasta 2040 tendría efectos muy negativos en el planeta,9 y además obligaría a reducciones draconianas del 9% anual entre 2040 y 2050 para alcanzar la mencionada reducción del 80% alrededor de 2050. Este ritmo se aproximaría a sostener durante 10 años consecutivos los niveles de reducción observados en la UE en 2020 en una situación de pandemia. Obviamente, se trataría de una reducción de emisiones casi imposible de sostener sin infligir un enorme daño a la economía.

En definitiva, la envergadura del desafío climático subraya la necesidad de empezar a tomar medidas ambiciosas cuanto antes. La pandemia también nos recuerda que la reducción de las emisiones contaminantes no puede hacerse a costa de una drástica reducción de la actividad económica. Lo inteligente para poder cumplir con los objetivos marcados es promover una recuperación verde que pueda reactivar la economía mediante tecnologías más limpias y sostenibles.

  • 7. Es importante subrayar aquí que el promedio para la UE oculta distintas tendencias observadas en los países europeos en los últimos años. Manteniendo el ritmo actual, y centrándonos en los cinco principales emisores (Alemania, Polonia, Italia, Francia y España), Italia llegaría a 2050 con una reducción de emisiones del 65%, España con una reducción del 50%, mientras que Polonia vería un aumento de las emisiones del 5%-10% y Alemania (el principal emisor) reduciría emisiones en solo un 30%.
  • 8. Asumimos que el escenario de emisiones cero en 2050, o neutralidad climática, solo será alcanzable con inversiones en proyectos de mitigación y generación de emisiones negativas, como las de tecnologías eficientes de eliminación y almacenamiento de dióxido de carbono.
  • 9. Véanse, por ejemplo, los informes recientes producidos por el Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC) y la Convention on Biological Diversity (CBD).