¿Han conseguido las democracias un mejor control de las interacciones sociales?

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8 de febrero de 2021
Gráfico de barras formado por pilas de monedas de 1 y 2 céntimos de euro

Por ahora, hemos recorrido la mitad del camino en nuestro intento de responder a la pregunta de si las democracias son más o menos exitosas en la lucha contra la pandemia. En el artículo anterior1 hemos presentado evidencia empírica de que al menos no han sido débiles. Al contrario, han sido más «agresivas» al establecer confinamientos más rigurosos y han sido más ambiciosas en la intensidad de testeo. Sin embargo, lo que en realidad nos interesa no es la dureza, sino la efectividad. Podría ser que las democracias fuesen más agresivas en sus políticas sanitarias anti-COVID porque son bastante ineficaces a la hora de obtener el comportamiento social deseado, a saber, la reducción de la movilidad (que, como sabemos, propicia la disminución de los contactos sociales y la ruptura de las cadenas de contagio). Esta es una pregunta bastante más compleja que la que nos ocupaba en el artículo anterior, ya que intervienen, potencialmente, más factores. Vayamos, por tanto, paso a paso.

En términos concretos, la pregunta que nos interesa responder es la de si, a igual intensidad del confinamiento o del testeo, dos países con distinto grado de democracia han obtenido diferentes reducciones de movilidad en su población.2 De nuevo, el resultado de nuestro análisis empírico es favorable a los países democráticos. El comportamiento deseado (reducción de la interacción social y movilidad) se ha dado en mayor medida3 en los países más democráticos a igualdad de aplicación de los instrumentos.4

  • 1. Véase el artículo «¿Han sido las democracias más laxas en materia de confinamiento y testeo?» en este mismo Dossier.
  • 2. Se ha realizado un primer análisis, preliminar, para determinar si el aumento del grado de confinamiento se corresponde con una disminución de la movilidad mediante la siguiente regresión de panel con efectos fijos: Movilidadi,t = α0 + α1Stringencyi,t + ui + ut + μi,t donde Movilidadi,t es una medida de la reducción de la movilidad en el país i y en el día t respecto al año anterior elaborada por Google y Stringencyi,t es una medida de la dureza de las medidas de confinamiento elaborada por la Universidad de Oxford. El análisis de regresión confirma la relación prevista y, por tanto, a mayor rigor en las medidas de confinamiento, más elevada es la disminución de la movilidad. En definitiva, el instrumento elegido por los países «funciona» para obtener el resultado social deseado.
  • 3. La diferencia favorable a los países democráticos es relativamente pequeña en magnitud (véase el primer gráfico), pero los resultados son estadísticamente significativos.
  • 4. Para realizar este análisis, se añade a la regresión descrita en la nota 1 anterior una interacción entre Di, una medida del sistema político en el país que va de 0 a 100, basada en datos de Freedom House, y Stringencyi,t. En esta regresión, Movilidadi,t = α0 + α1Stringencyi,t + α2 [Stringencyi,t ×D1] + ui + ut + μi,t, el coeficiente α2 se puede interpretar como la reducción diferencial de la movilidad, para un mismo nivel de dureza de medidas de contención, en democracias en relación con países más autoritarios. Se obtiene un coeficiente significativo y un R2 de 0,645.
Relación entre la movilidad y la dureza de las restricciones en países menos democráticos

Esta relación, no obstante, solo es de primer nivel. Hemos visto en el artículo inicial del Dossier la idea de que el hecho de que la democracia funciona más o menos bien es una noción que engloba tres aspectos distintos: el propiamente político, el de la capacidad estatal y el cultural. Veamos, por tanto, si lo que hemos interpretado como buen comportamiento de los países más democráticos para reducir la movilidad se podría deber, en efecto, al grado de eficiencia de las políticas públicas o al tipo de comportamiento sociocultural más prevalente, es decir, la tendencia hacia el individualismo o hacia el colectivismo (entendiendo que, en el primer caso, hay que ser más estrictos con los instrumentos dado que el grado de «disciplina» social es previsiblemente menor).

Con estas sofisticaciones, los resultados se mantienen. En primer lugar, cuando tratamos de explicar la movilidad en función del grado de democracia y de la capacidad estatal, constatamos que, aunque como cabía esperar, a mayor capacidad administrativa de implementar las políticas públicas, mayor es la reducción de la movilidad. Según nuestros resultados, por ejemplo, si aumentara en 10 puntos el índice de la dureza de las medidas de confinamiento (definido entre 0 y 100) en dos países idénticos, pero uno de ellos con la capacidad administrativa de España y el otro con la de Colombia (que es significativamente menor), el índice de movilidad caería unos 5,6 puntos respecto al año anterior en el país con mayor capacidad administrativa, mientras que solo caería unos 5,1 puntos en el segundo país, en igualdad de condiciones. A pesar del control por la capacidad estatal del país, el hecho de ser más democráticos se sigue correlacionando de forma positiva con el comportamiento social deseado, es decir, la disminución de la movilidad.5

Sucede algo semejante con los elementos socioculturales y, en concreto, con las tendencias a ser más o menos individualista, de los países.6 En términos generales, a mayor grado de individualismo –y siempre teniendo en cuenta el grado de confinamiento–, peor resultado en términos de control de la movilidad. Repitiendo el ejercicio anterior, la movilidad caería unos 6,7 puntos en un país con el grado de individualismo de España (51/100), mientras que caería tan solo unos 6,1 puntos en un país con el grado de individualismo de EE. UU. (91/100). Tiene cierto sentido, ya que sociedades en las cuales el elemento colectivo o la importancia del grupo son más elevados, la disciplina esperada también es superior que en las sociedades más individualistas. Ahora bien, cuando incluimos en el análisis el grado de democracia, volvemos a obtener que estas son más efectivas en conseguir la disminución de la movilidad.

  • 5. Se le añade a la regresión descrita en la nota al pie anterior una interacción entre Stringencyi,t y Effi, una medida de la capacidad estatal elaborada por el Banco Mundial, de modo que la regresión final es: Movilidadi,t = α0 + α1Stringencyi,t + α2 [Stringencyi,t × D1] + α3 Stringencyi,t × Effi] + ui + ut + μi,t. Se obtienen coeficientes significativos tanto para α2 como para α3 y un R2 de 0,736.
  • 6. El impacto de la cultura en la relación entre la dureza de las medidas de contención y la reducción de la movilidad en cada país se analiza mediante la siguiente regresión de panel con efectos fijos: Movilidadi,t = α0 + α1Stringencyi,t + α2 [Stringencyi,t × Individualismoi ] + ui + ut + μi,t, donde Individualismoi es una medida de la cultura individualista/colectivista en el país, según un análisis de Hofstede (2001). Se obtiene un coeficiente significativo para α2 y un R2 de 0,779.
Relación entre la movilidad y la dureza de las restricciones en países menos y más individualistas

O, en otras palabras, aunque los estados con una mayor capacidad para implementar políticas de forma eficaz y los países con tendencias más colectivistas han sido mejores en el control de la movilidad, incluso cuando incorporamos estos factores, las democracias lo siguen haciendo mejor que las autocracias.

¿Quieren decir estos resultados que las democracias han salvado los muebles y pueden echarse a descansar? Es evidente que no. De entrada, el drama humano que estamos viviendo no permite esta complacencia. Pero, además, haberlo hecho mejor en términos relativos puede no ser suficiente de cara al ciudadano. Ejercicios como el presentado en este artículo, bien divulgados, deberían ayudar a hacer una lectura menos maniquea del estado real de la democracia. Pero no nos engañemos, la ciudadanía va a expresar su descontento con la respuesta de las democracias basándose en elementos mucho más trascendentes que el esfuerzo, obligado y necesario, de economistas y técnicos de interpretar adecuadamente el mundo. Lo que en definitiva va a decantar el juicio de la historia es situar esta crisis, sanitaria, en el contexto más amplio de la crisis política. O lo que es lo mismo, intentar aportar cierta luz a la cuestión de si la pandemia puede actuar como revulsivo de la regeneración democrática, o no. Esta sentencia se dictará dentro de unos años, pero se puede intentar una primera exploración, ejercicio tentativo que realizamos en el siguiente artículo.